Always Ready firmó una de las noches más memorables de su historia reciente al vencer a Guabirá por un categórico 6-0 en el estadio de El Alto, una goleada que confirmó su condición de campeón absoluto del fútbol boliviano. La victoria selló el tetracampeonato del club y dejó a miles de hinchas envueltos en una celebración que combinó orgullo, emoción y una sensación de justicia deportiva por el esfuerzo sostenido a lo largo de toda la temporada.

El inicio del encuentro mostró con claridad la distancia entre ambos equipos. El plantel alteño salió decidido a liquidar el partido desde los primeros instantes, adelantando líneas y ocupando todos los espacios del campo con una intensidad que ahogó a Guabirá. El arquero Manuel Ferrel se convirtió en la figura del conjunto azucarero en los primeros minutos, evitando que la caída fuese aún más rápida al detener varias aproximaciones claras.

El esperado primer gol llegó a los 20 minutos gracias a un remate explosivo de Fernando Saucedo. Ese tanto no solo abrió el marcador, sino que marcó el ritmo emocional del resto del encuentro. La hinchada explotó en un grito unánime que parecía sacudir todo el estadio, mientras el equipo encontraba confianza para aumentar su dominio.

Guabirá, desconectado y superado en todas las líneas, apenas pudo inquietar al arquero Alain Baroja con un remate aislado que terminó en sus manos. El control total del partido permitió que Always Ready siguiera generando peligro y, a los 39 minutos, ampliara la ventaja con el gol de Marcelo Suárez tras una serie de cabezazos dentro del área.

El regreso al segundo tiempo no cambió el guion. A los 8 minutos, Héctor Cuéllar sacó un disparo potentísimo desde 25 metros, un verdadero misil que dejó sin opciones al portero y que encendió nuevamente a la multitud. El cuarto tanto llegó con una exquisita combinación entre Triverio y Carlitos Rodríguez, quien definió con frialdad ante un rival ya completamente entregado.

Las tribunas vibraron con los cánticos de “olé” cuando el equipo mostró su mejor versión colectiva. La fiesta continuó con la anotación del paraguayo Héctor Bobadilla, quien fue despedido entre aplausos al abandonar la cancha, un reconocimiento a su entrega y a su papel fundamental en la temporada.

El último grito de gol lo firmó Tomás Andrade a los 85 minutos, sellando la goleada y poniendo punto final a una actuación que reflejó no solo superioridad futbolística, sino carácter, disciplina y una convicción inquebrantable.

Cuando el árbitro Gery Vargas decretó el final, el estadio se transformó en un mar de banderas, abrazos y lágrimas. La hinchada alteña celebró un título histórico, el primero que presencia en su propio escenario, y los jugadores devolvieron ese afecto con gestos de gratitud y orgullo.