El mandatario acusó a Morales de atentar contra la democracia con una escalada de violencia que ya dejó más de 30 heridos en Llallagua.

El presidente Luis Arce rompió el silencio este martes tras los graves hechos ocurridos en la localidad de Llallagua, en el norte de Potosí, donde se produjo un enfrentamiento entre seguidores del expresidente Evo Morales y comunarios del lugar. En un mensaje difundido por sus redes sociales, el jefe de Estado lanzó duras acusaciones contra su antecesor, a quien responsabilizó por promover una “batalla final” que amenaza con sumir al país en el caos.

“Hoy Bolivia vivió una de las jornadas más violentas y dolorosas de su historia reciente”, expresó Arce al referirse a los más de 30 heridos que dejó el violento enfrentamiento. Según el mandatario, la violencia es resultado directo de los bloqueos convocados por sectores afines a Morales, a quienes acusa de actuar con total desprecio por la vida y la institucionalidad democrática.

Arce denunció que durante los nueve días de bloqueo en distintas regiones del país se cometieron agresiones contra personal de salud, se destruyeron ambulancias, se saquearon comunidades, se hostigó a periodistas y se atacó a la Policía. “No han escatimado recursos ni límites para sembrar el terror”, sostuvo.

Lo que más inquieta al mandatario es la narrativa impulsada por Morales desde su refugio político en el trópico de Cochabamba, donde se encuentra desde octubre de 2024 pese a una orden de aprehensión por el delito de trata de personas. En ese contexto, Evo llamó a una “batalla final”, expresión que Arce interpretó como una declaración de guerra contra el pueblo boliviano.

“¿Cuál es esa ‘batalla final’ de la que habla? ¿A quién quiere derrotar? ¿Qué persigue con tanta violencia? El país debe despertar y comprender que esto no es una simple disputa interna, sino un intento deliberado de destruir el sistema democrático desde dentro”, aseveró el presidente.

En su alocución, Arce se mostró visiblemente indignado por lo que considera una traición a los principios del Proceso de Cambio. Afirmó que Morales está usando el nombre del pueblo para justificar su ambición personal y arrastrando al país hacia un escenario de convulsión sin precedentes.

“No puede ser que el país vuelva a teñirse de luto por el capricho de una sola persona. Basta de usar a las bases como carne de cañón. Bolivia merece paz, merece justicia y merece avanzar sin más violencia”, declaró.

El mandatario subrayó que su Gobierno no permitirá que estos hechos queden impunes. Anunció que todos los responsables de la violencia en Llallagua y en otros puntos del país serán puestos ante la justicia. “Vamos a hacer respetar el Estado Plurinacional que tanto nos costó construir. Quienes agredan, siembren miedo o destruyan lo que el pueblo ha logrado, deberán rendir cuentas”, advirtió.

Arce también convocó a la población a no dejarse engañar por discursos que disfrazan intereses personales de supuestas luchas sociales. Reiteró que su Gobierno sigue siendo de corte popular y que está comprometido con las transformaciones sociales, pero bajo la vía pacífica y democrática.

La reacción del presidente llega en un momento crítico para el país, con varios sectores afectados por los bloqueos, escasez de combustibles, y creciente tensión política. Mientras tanto, Evo Morales continúa dirigiendo las acciones de sus bases desde el Chapare, exigiendo la renuncia de Arce y preparando nuevas movilizaciones.

Uno de los sectores más radicalizados del “evismo” ya anunció una marcha hacia La Paz desde El Alto para este jueves, en lo que aseguran será una demostración de fuerza contra el Gobierno. Aunque Morales no ha aparecido públicamente en estos días, sus declaraciones siguen llegando a través de voceros y redes sociales.

Las autoridades policiales mantienen el monitoreo permanente en zonas de conflicto y no descartan nuevas detenciones. La aprehensión reciente de uno de los activistas más cercanos a Morales, Franco García, fue interpretada como una señal de que el Ejecutivo no cederá ante presiones violentas.

Organizaciones defensoras de derechos humanos y la Defensoría del Pueblo han pedido calma y han llamado al diálogo, aunque reconocen que el ambiente es altamente inflamable. La comunidad internacional también ha comenzado a expresar preocupación por el rumbo de los acontecimientos.

Luis Arce cerró su mensaje con un llamado firme a la responsabilidad colectiva: “La democracia no puede ser rehén de ambiciones personales. A quienes se empecinan en destruirla, les advertimos: no pasarán. ¡No habrá impunidad!”.