Santa Cruz fue escenario de un diálogo internacional que puso sobre la mesa los retos comunes de la región frente al fuego y la deforestación
Con la participación de expertos ambientales de más de una docena de países, Bolivia fue sede de un encuentro que puso en evidencia una verdad ineludible: los incendios forestales ya no pueden tratarse como hechos aislados. El calentamiento global, la expansión agrícola sin regulación y la presión sobre los ecosistemas han convertido a estos siniestros en un problema estructural en América Latina y el Caribe.
Durante la VIII Reunión del Grupo de Expertos en Fuegos Forestales, realizada en Santa Cruz con el apoyo de la Unión Europea, se debatieron estrategias para enfrentar el aumento en la frecuencia e intensidad de los incendios. Delegaciones de Argentina, Brasil, Perú, México, Ecuador, entre otros, compartieron sus experiencias nacionales, revelando cómo el fuego está afectando no solo a los bosques, sino a las poblaciones y economías locales.
En su intervención durante el cierre del evento, el ministro de Medio Ambiente y Agua de Bolivia, Álvaro Ruiz, advirtió que la situación climática ya no permite respuestas aisladas ni de corto plazo. “Estamos viviendo una era de extremos: lluvias intensas, sequías prolongadas, y fuegos que arrasan comunidades enteras. Necesitamos actuar de forma conjunta y aprender de quienes ya enfrentaron situaciones similares”, afirmó.
La reunión sirvió, además, para avanzar en el diseño de una hoja de ruta común entre países que enfrentan problemáticas similares en cuanto a gestión del fuego. Bolivia aprovechó el foro para presentar los avances en su Estrategia Nacional de Manejo Integral del Fuego y el Plan de Acción para la Prevención de Incendios Forestales, ambos orientados a la articulación interinstitucional y la inclusión de comunidades en la planificación territorial.
Uno de los aspectos más valorados del encuentro fue precisamente el enfoque de participación local. Los asistentes visitaron Quitunuquiña, una comunidad indígena ubicada en el departamento de Santa Cruz, y luego se trasladaron a Roboré, donde presenciaron ejemplos concretos de cómo los conocimientos tradicionales pueden complementar las técnicas modernas de prevención y control de incendios.
“La sabiduría de los pueblos indígenas es clave para entender el fuego no solo como amenaza, sino como parte del equilibrio ecológico en algunos territorios”, explicó uno de los técnicos internacionales presentes. Esta visión integral fue destacada como uno de los aprendizajes fundamentales del evento.
Por su parte, el embajador de la Unión Europea en Bolivia, Jaume Segura, enfatizó que el desafío de los incendios forestales solo podrá enfrentarse si se fortalecen las alianzas entre gobiernos, organizaciones internacionales y sociedad civil. “No existen fronteras para el fuego. La cooperación es la única vía para avanzar hacia soluciones sostenibles”, señaló.
La presencia de organismos como la FAO, el PNUMA y la OTCA también permitió enriquecer las discusiones con perspectivas globales y propuestas de financiamiento internacional para iniciativas enfocadas en la resiliencia ambiental y el manejo comunitario del fuego.
El balance de la reunión fue positivo, pero también dejó en claro que los desafíos son enormes. La región requiere mayor inversión en tecnología de monitoreo, fortalecimiento institucional y un compromiso político más firme para prevenir la expansión de incendios provocados por actividades ilegales como el chaqueo indiscriminado y la deforestación sin control.
