Cobija y Riberalta cuentan con terminales renovadas y equipamiento operativo, pero la frecuencia aérea es mínima. Usuarios, trabajadores y registros oficiales confirman reducción de rutas, altos costos y baja conectividad sostenida.
La capital pandina exhibe una terminal aérea amplia, con counters habilitados y personal asignado, pero la actividad es intermitente. En el aeropuerto de Cobija operan formalmente varias aerolíneas, aunque en la práctica solo Boliviana de Aviación mantiene vuelos comerciales regulares hacia el eje central. Las oficinas de otras compañías permanecen cerradas la mayor parte del tiempo y los servicios se activan únicamente en operaciones específicas.
Trabajadores del transporte aéreo que acuden a la terminal coinciden en que el movimiento se concentra en las primeras horas del día. Después del arribo o salida del único vuelo programado, el edificio queda prácticamente vacío, con presencia exclusiva del personal de Navegación Aérea y Aeropuertos Bolivianos, responsable de la administración aeroportuaria.
La situación no es distinta en Riberalta. Aunque existen mostradores asignados a distintas empresas, la frecuencia real es limitada. Usuarios que deben trasladarse hacia La Paz describen itinerarios fragmentados y costos acumulativos elevados.
Pasajeros consultados en la terminal detallan que optan por combinar tramos terrestres y aéreos debido a la falta de oferta directa o a tarifas que superan ampliamente su presupuesto mensual.
Los registros de programación de vuelos disponibles en los paneles informativos confirman una baja densidad operativa.
La ruta hacia La Paz depende casi exclusivamente de la disponibilidad de Boliviana de Aviación, en el caso de Cobija, mientras EcoJet no mantienen una frecuencia constante en el norte amazónico de Riberalta y Guayaramerín.
En términos de infraestructura, las dos terminales cuentan con pista asfaltada, equipamiento de navegación y áreas comerciales diseñadas para mayor flujo. Sin embargo, varios espacios destinados a tiendas y servicios permanecen cerrados. Comerciantes locales confirmaron que la baja circulación de pasajeros hace inviable mantener un sector de comidas o venta de productos de la región..
El aislamiento no solo se mide en vuelos. Durante la temporada de lluvias, las conexiones terrestres entre Trinidad, Guayaramerín y Riberalta, en el caso de Beni, presentan deterioro significativo, lo que incrementa la dependencia del transporte aéreo. Sin una oferta estable y accesible, la población enfrenta mayores costos para atención médica especializada, trámites administrativos y actividades comerciales en el eje central, similar situación vive la única ciudad fronteriza, capital de departamento, que debe acudir al lado brasilero para poder acceder a distintas emergencias.
Datos tarifarios muestran que un trayecto combinado desde Riberalta o Cobija hacia La Paz y otros departamentos, puede superar los dos mil bolivianos, cifra considerable para ingresos promedio regionales. La alternativa directa.
Desde el periodo gubernamental de Evo Morales se ejecutaron mejoras en infraestructura aeroportuaria. No obstante, la sostenibilidad operativa no acompaña esas inversiones, mostrando el deterioro de la infraestructura por falta de uso.







