La marcha iniciada en Calamarca avanza con delegaciones de todo el país, soporta frío extremo y suma presión sobre el Gobierno, que mantiene su negativa al incremento salarial.
La marcha del magisterio nacional continúa su avance sostenido hacia la ciudad de La Paz en medio de un escenario de alta tensión, marcado por la falta de acuerdos con el Gobierno y la firme decisión del sector de mantener su demanda de incremento salarial. La movilización, que partió el martes desde Calamarca, reúne a maestros urbanos y rurales de las 31 federaciones del país y se perfila como uno de los principales focos de presión en la antesala del cabildo convocado por la Central Obrera Boliviana para el 1 de mayo.
El desplazamiento comenzó con una concentración masiva en Calamarca, donde los educadores organizaron su salida en columnas que luego se integraron en la carretera hacia La Paz. La marcha se inició a las 14:30, marcando el inicio de un recorrido que combina exigencia física, coordinación logística y presencia sostenida en la vía pública. Desde el primer momento, la consigna fue clara: avanzar sin retrocesos hasta instalar la demanda en la sede de Gobierno.
La primera jornada concluyó en Vilaque, punto al que arribaron cerca de las 19:00 tras varias horas de caminata. El trayecto inicial permitió medir la capacidad de resistencia de los participantes, quienes enfrentaron temperaturas bajas y ráfagas de viento características del altiplano. Durante la noche, los maestros organizaron espacios improvisados de descanso, mientras evaluaban el estado de salud de los integrantes de la marcha.
El miércoles, la movilización se reactivó desde las 08:00 con el objetivo de cubrir una distancia similar o superior a los 20 kilómetros. La planificación diaria responde a una estrategia definida por la dirigencia, que busca garantizar la llegada a La Paz antes del viernes. En ese lapso, se prevé la incorporación de más contingentes provenientes de distintos departamentos, lo que incrementará la magnitud de la movilización en los tramos finales.
Las condiciones climáticas se han convertido en un factor determinante. Varios participantes reportaron síntomas de resfrío debido a la exposición prolongada al frío, aunque la marcha no ha reducido su ritmo. La organización interna contempla pausas estratégicas para hidratación, alimentación y atención básica, lo que permite sostener el avance sin interrupciones prolongadas.
En el plano de las demandas, el magisterio mantiene una posición unificada. El incremento salarial encabeza el pliego petitorio, seguido por la exigencia de mayor presupuesto educativo y la asignación de ítems completos. La dirigencia cuestiona que los ítems anunciados por el Gobierno no cubren la totalidad de la carga horaria ni responden a la demanda real en las unidades educativas, lo que mantiene el déficit en el sistema.
El conflicto escaló luego de que el Ejecutivo descartara públicamente cualquier aumento salarial, argumentando restricciones económicas. Esa decisión cerró la posibilidad de negociación en los términos planteados por el sector, que optó por no asistir a nuevas convocatorias al diálogo. Para los maestros, cualquier acercamiento carece de sentido si no se incluye la discusión sobre salarios.
La marcha, en este contexto, se convierte en el principal instrumento de presión. A lo largo del recorrido, se han ido sumando delegaciones que no participaron en el punto de partida, fortaleciendo la presencia del magisterio en la carretera. Este crecimiento progresivo responde a una estrategia de acumulación que apunta a mostrar una movilización masiva al momento de su ingreso a La Paz.
El componente logístico es clave para sostener la medida. Los maestros organizan su desplazamiento con recursos propios, distribuyendo tareas para garantizar alimentación, descanso y atención sanitaria. En algunos puntos, reciben apoyo de sectores que se identifican con sus demandas, lo que contribuye a mantener la continuidad de la marcha.
El objetivo inmediato es claro: llegar a La Paz el viernes 1 de mayo e integrarse al cabildo nacional convocado por la Central Obrera Boliviana. Esa coincidencia no es casual. El magisterio busca posicionar su demanda en un escenario de mayor visibilidad, articulando su protesta con otras reivindicaciones laborales en una jornada de alto contenido simbólico.
Hasta ahora, no se han registrado avances en la relación entre el Gobierno y el sector movilizado. La negativa al incremento salarial se mantiene sin cambios, mientras la marcha avanza como señal de presión directa. La distancia entre ambas posiciones se refleja en la ausencia de canales efectivos de diálogo.
