La continuidad de los bombardeos israelíes provocó una ruptura en los contactos entre Teherán y Washington, mientras la crisis humanitaria y militar sigue agravándose en territorio libanés.
La posibilidad de mantener abiertos los canales de negociación entre Irán y Estados Unidos sufrió un duro revés tras la decisión de Teherán de suspender todas las conversaciones e intercambios de mensajes con Washington. La medida fue adoptada luego de que las autoridades iraníes denunciaran que Israel continuó sus operaciones militares en Líbano pese a los compromisos que, según sostienen, formaban parte de los entendimientos previos para avanzar hacia una reducción de las tensiones regionales.
La información fue difundida por la agencia Tasnim, que atribuyó la determinación iraní a la continuidad de los ataques israelíes en territorio libanés. Desde la perspectiva de Teherán, el cese de las hostilidades en Líbano era una condición esencial para sostener cualquier mecanismo de diálogo indirecto con Estados Unidos.
Funcionarios iraníes señalaron que las conversaciones permanecerán congeladas mientras no se produzca un alto el fuego efectivo tanto en Líbano como en la Franja de Gaza. Además, insistieron en que las fuerzas israelíes deben retirarse completamente de las zonas ocupadas en suelo libanés antes de considerar una eventual reanudación de los contactos diplomáticos.
La decisión se conoció en un contexto de creciente actividad militar. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, anunció nuevas acciones contra posiciones asociadas a Hezbolá en el área de Dahieh, al sur de Beirut. El sector es considerado uno de los principales centros de influencia del movimiento chiita y ha sido objetivo recurrente de operaciones israelíes.
A ello se sumó un ataque aéreo en la región de Nabatieh, en el sur del país, donde autoridades locales reportaron al menos ocho fallecidos. Entre las víctimas se encontraban tres mujeres. El hecho volvió a elevar la tensión política y militar en una zona que permanece bajo permanente riesgo de escalada.
Pese a la existencia de una tregua considerada limitada entre Washington y Teherán desde abril, las diferencias sobre la situación en Líbano se han profundizado. Irán sostiene que la continuidad de las operaciones israelíes representa una ruptura de los compromisos asumidos durante los esfuerzos de mediación y distensión.
Por su parte, Israel mantiene que sus acciones responden a objetivos de seguridad y a la necesidad de impedir ataques desde el norte de su territorio. En ese marco, las Fuerzas de Defensa de Israel han ampliado su presencia en sectores del sur libanés, donde continúan desarrollando operaciones terrestres y aéreas.
Reportes militares y de medios internacionales señalan que tropas israelíes permanecen desplegadas en diversas localidades cercanas a la frontera. Las restricciones para el retorno de los habitantes desplazados han generado fuertes cuestionamientos por parte del Gobierno libanés y de organismos internacionales.
El primer ministro de Líbano, Nawaf Salam, denunció recientemente que el país enfrenta una escalada que calificó como extremadamente peligrosa. Según afirmó, los ataques están provocando daños generalizados y un desplazamiento masivo de civiles en varias regiones del sur.
Las estadísticas oficiales difundidas por Beirut indican que desde el inicio de esta fase del conflicto, el 2 de marzo, se registraron 3.371 muertos, 10.129 heridos y más de un millón de personas desplazadas. La magnitud de la crisis llevó al Consejo de Seguridad de la ONU a convocar una reunión de emergencia para evaluar la situación.
Mientras tanto, las autoridades iraníes analizan nuevas medidas de presión frente al escenario actual. Entre las opciones mencionadas figura la posibilidad de afectar el tránsito por el estrecho de Ormuz y el paso de Bab el Mandeb, dos corredores marítimos clave para el comercio internacional de energía. La advertencia añade un nuevo elemento de preocupación a una crisis que sigue expandiéndose y que mantiene en alerta a gran parte de la comunidad internacional.
