Desde las tierras amazónicas de Pando, un emprendedor decidió cambiar la comodidad de La Paz por una apuesta familiar que busca transformar frutos nativos en industria boliviana.


A más de 1.000 kilómetros de distancia de su lugar de origen, un paceño encontró en la Amazonía boliviana una oportunidad que pocos habían visto.

No llegó a Pando buscando únicamente una nueva residencia; llegó detrás de una idea, de una investigación universitaria y de una convicción personal: los frutos amazónicos podían convertirse en una alternativa económica para la región.

La historia de Joaquín Esteban Plata Gutiérrez está ligada a la tierra, al emprendimiento familiar y a una apuesta que comenzó con el copoazú, pero que terminó concentrando su mirada en uno de los productos naturales con mayor reconocimiento internacional: el asaí.

Desde una propiedad ubicada en la zona de Trinchera, entre Porvenir y Puerto Rico, en el departamento de Pando, Plata dirige el crecimiento de Tesoros Amazónicos de Bolivia (TESAMBOL), una empresa que nació con la intención de darle valor agregado a los recursos naturales amazónicos y demostrar que la producción local puede abrir mercados más allá de las fronteras regionales.

“Cuando hice mi tesis empecé trabajando con mermelada de copoazú. Ahí nació mi interés por los frutos amazónicos”, recuerda Plata al hablar de los primeros pasos de un proyecto que luego involucró a su familia.

El cambio de la altura paceña a la humedad amazónica no fue sencillo. El clima, la distancia, las condiciones de vida y las limitaciones de infraestructura formaron parte de una adaptación que tuvo que enfrentar desde el inicio.

“Fue un cambio importante. La temperatura, los insectos, la electricidad, los servicios, todo era diferente, pero cuando uno ve el potencial que tiene este departamento entiende que vale la pena arriesgar”, explica.
La decisión de quedarse en Pando no fue improvisada. Desde 2015 estableció su vida en esta región junto a su familia y comenzó a construir una empresa que hoy busca consolidarse como una referencia en el aprovechamiento sostenible del asaí.

El salto hacia este fruto ocurrió después de investigar distintas especies amazónicas. Entre ellas aparecieron alternativas como la acerola, el cajú y otros productos con características especiales, pero el asaí llamó especialmente su atención.

“Encontramos que estaba considerado entre los superfrutos del mundo por sus propiedades y vimos que Pando tenía una enorme cantidad de este recurso”, señala.

El trabajo con el asaí comenzó con una hectárea sembrada en 2015. Las primeras plantas tardaron más tiempo del esperado en producir debido a la falta de sistemas de riego adecuados. La cosecha llegó después de varios años de espera y paciencia.

Actualmente, TESAMBOL cuenta con alrededor de 22 hectáreas cultivadas. La producción todavía está en etapa de crecimiento, pero los resultados empiezan a mostrar el potencial del proyecto.

“Una hectárea puede producir desde cuatro toneladas de fruta y, dependiendo de las condiciones, puede llegar mucho más arriba. Nosotros recién estamos entrando en una etapa donde las plantas comienzan a aumentar su rendimiento”, explica.

La cosecha propia se complementa con el trabajo de comunidades amazónicas que recolectan frutos silvestres. La empresa no solamente produce, también acopia materia prima para ampliar la capacidad de procesamiento.

Uno de los mayores desafíos para cualquier emprendimiento en Pando continúa siendo la conexión vial. La distancia hacia los principales mercados del país representa un costo adicional, especialmente cuando se trata de alimentos que requieren conservación.

“El producto necesita cadena de frío y las carreteras son un factor importante. No es lo mismo transportar desde otros departamentos que hacerlo desde aquí”, comenta Plata.
Para resolver parte de esta dificultad, TESAMBOL desarrolló métodos propios de conservación y transporte.

“Hemos trabajado en nuestra forma de mantener el producto. Hemos logrado que llegue congelado después de varios días, pero sabemos que necesitamos mejorar todavía más la logística”, afirma.

La empresa produce pulpa pasteurizada de asaí, un proceso que permite conservar mejor el producto y darle mayor duración.

“Buscamos que sea competitivo y que tenga calidad. La inocuidad es fundamental porque queremos llegar a consumidores que exigen estándares cada vez más altos”, explica.

El mercado nacional empieza a mostrar mayor interés. Santa Cruz y La Paz son los principales puntos donde la empresa comenzó a posicionar su producto, principalmente para negocios vinculados a helados, bowls y alimentos preparados.

“El consumo está creciendo. Antes muchas personas conocían el asaí solamente como un sabor diferente, pero poco a poco empiezan a conocer sus características”, señala.

El producto amazónico todavía tiene un largo camino dentro del país. Brasil convirtió al asaí en una industria consolidada con presencia internacional, mientras Bolivia recién empieza a construir una cadena productiva alrededor de este fruto.

Plata considera que el país tiene una oportunidad importante si logra organizar mejor su producción.

“No aprovechamos ni una pequeña parte del potencial que existe. Hay millones de plantas en la Amazonía, pero falta transformar ese recurso en una industria estable”, sostiene.

El emprendedor no mira únicamente la parte comercial. Su proyecto también tiene una relación directa con la recuperación ambiental.

La zona donde trabaja anteriormente tenía áreas de pastizales y ahora está siendo utilizada para reforestación con palmeras de asaí.

“Generamos nuestros propios plantines y usamos semillas para seguir ampliando las plantaciones. También estamos recuperando suelos”, explica.
Esa visión abrió una nueva puerta: el turismo productivo.

TESAMBOL comenzó a recibir visitantes interesados en conocer el proceso completo: desde la producción de plantas hasta la cosecha y transformación del fruto.

La propuesta busca mostrar una Amazonía distinta, lejos de la imagen reducida que muchas veces aparece asociada solamente a problemas sociales o climáticos.

“Pando tiene castaña, asaí, turismo, biodiversidad. Tiene mucho que mostrar. La gente que vive aquí conoce ese potencial”, afirma.

Para Plata, la ubicación fronteriza del departamento puede convertirse en una ventaja si se logra mejorar la integración caminera con el resto del país.

La conexión con Brasil y Perú abre posibilidades comerciales que todavía no fueron aprovechadas completamente.

“Tenemos una ubicación estratégica. Cuando exista una mejor conexión, muchas actividades pueden crecer”, expresa.

Su mirada hacia el futuro está puesta en ampliar la producción, desarrollar nuevos productos y llegar a mercados internacionales, pero antes quiere consolidar el consumo interno.

“Primero debemos hacer conocer el producto en Bolivia, lograr más clientes y fortalecer la empresa. Después vendrán otros pasos”, asegura.

Detrás de cada botella, sachet o pulpa congelada existe una cadena que involucra familias, comunidades recolectoras, trabajadores y una apuesta por la Amazonía.

El camino de Joaquín Esteban Plata comenzó con una investigación académica y terminó convirtiéndose en una forma de vida.

Un paceño que encontró en Pando una tierra para quedarse y una materia prima capaz de convertirse en una nueva historia empresarial boliviana.