Desde 1972, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció que cada 5 de junio se conmemore el Día Mundial del Medio Ambiente. Para este 2024, la jornada está dedicada a reflexionar sobre la restauración de las tierras, la urgencia de detener la desertificación y fortalecer la resiliencia a la sequía.

Desde el año 2000, el número y la duración de los períodos de sequía han aumentado un 29 % y, de no cambiar esta tendencia, la situación afectará a más de tres cuartas partes de la población mundial para el 2050.

Países como Chile, Brasil y México enfrentan sequías prolongadas, mientras que naciones como Ecuador y Colombia tienen períodos de sequía influenciados, principalmente, por fenómenos climáticos como El Niño.

América Latina vivió  un año de sequías en 2023. Reducción en las precipitaciones, temperaturas superiores a la media y olas de calor recurrentes provocaron graves sequías en varios países de la región. En varias naciones esa situación ha persistido durante los primeros seis meses de este 2024.

El informe  Estado del clima en América Latina y El Caribe 2023, de la Organización Meteorológica Mundial, señala que casi todo México, el centro de Chile, el Altiplano, la parte occidental y oriental de la Amazonía, los Andes centrales y meridionales, así como buena parte de Centroamérica, la zona central de Venezuela y las Guyanas fueron afectadas por sequías severas. Otros países como Cuba, República Dominicana y Haití padecieron eventos de escasez hídrica más moderados, pero en general, la mayoría de los países han padecido los efectos del estiaje.

“El 2023 fue un año marcado por el Fenómeno El Niño y los tres años consecutivos anteriores tuvimos La Niña. Ambos causaron problemas de sequías en diferentes partes de América Latina. A ello se suma el cambio climático, los malos manejos de los recursos hídricos y actividades humanas como la deforestación que incrementan los problemas de la sequía”, señala al oceanógrafo Juan José Nieto, director del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (Ciifen).

Para este 2024, señala Nieto, se espera la presencia de La Niña a partir del segundo semestre, lo que significa un cambio de temperaturas principalmente para  países como Chile, Ecuador, Colombia y los de Centroamérica que presentarán dificultades por las sequías.

Según la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, el número y la duración de los períodos de sequía han aumentado un 29 % desde el año 2000. De no cambiar esta tendencia,  la situación podría afectar a más de tres cuartas partes de la población mundial para el 2050.

Por eso, las Naciones Unidas han decidido dedicar el Día Mundial del Medio Ambiente 2024, que se conmemora este 5 de junio, a reflexionar sobre este fenómeno que afecta, por lo menos, a la mitad de la población mundial y que ha generado que el 40 % de las zonas terrestres del planeta están degradadas.

Bajo el lema “Nuestras tierras. Nuestro futuro. Somos la #GeneraciónRestauración”, el Día Mundial del Ambiente se centra en restaurar las tierras, detener la desertificación y fortalecer la resiliencia frente a la sequía.

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Las sequías prolongadas en Latinoamérica

“En América Latina hay un tema casi de estudio mundial, es la llamada mega sequía de Chile que lleva casi 10 años o más en la parte central de ese país”, comenta Nieto sobre cómo se presenta este fenómeno en el continente.

En el boletín de sequía de la Dirección Meteorológica de Chile de abril del 2024 se indica que el área afectada por la escasez hídrica a nivel nacional alcanza un 27.3 %.

Un reciente informe del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2, de la Universidad de Chile, indica que el país estaría cerca del “día cero”, es decir, el momento en que no haya agua disponible para cubrir la demanda del suministro. Según el informe, la zona central del país, donde la fuente de abastecimiento es el agua superficial, se encuentra con un gran índice de escasez hídrica. “Dentro de las causas de este preocupante escenario está el cambio climático que ha influido en las precipitaciones, que son cada vez más escasas”, señala el documento.

Así como Chile, señala Nieto, otros dos países de Latinoamérica, Brasil y México, padecen sequías prolongadas. En Centroamérica esta escasez de agua afecta a Guatemala, Honduras y El Salvador; mientras que Colombia y Ecuador enfrentan problemas de sequía exacerbados por el fenómeno El Niño, agrega el experto del Ciifen.

“México tiene el 70 % de su territorio con climas áridos y semiáridos. Y desde que se tiene registro, en el siglo XIX, el país ha convivido permanentemente con sequías”, señala Helena Cotler, del Centro de Investigación en Ciencias de Información Geoespacial (CentroGeo).

Hay factores regionales y locales que explican esta vulnerabilidad, agrega Cotler.  “Más que estar preocupados en la sequía, como fenómeno meteorológico, habría que estar preocupados en cómo resolvemos esta vulnerabilidad que compartimos todos los países de América Latina”.

Según el informe del 15 de mayo del Monitor de Sequía de México, 2105 municipios presentan algún grado de escasez hídrica y de ellos, 220 tienen una sequía excepcional. “La segunda onda de calor, asociada con una circulación anticiclónica en niveles medios de la atmósfera, ocasionó un ambiente de caluroso a muy caluroso en todas las entidades del país, aumentando las áreas con sequía extrema a excepcional en el noreste, centro y occidente del país”, señala el reporte.

“Hemos convivido con las sequías permanentemente desde el siglo XIX. Entonces, cabría preguntarse: ¿por qué seguimos siendo vulnerables?, ¿por qué no hemos aprendido a convivir con la sequía si somos un país árido de semiárido?”, agrega Cotler.

Para  responder eso, comenta la experta, es necesario  ver cuáles son las causas de la  vulnerabilidad.  “Cuando vemos esas causas que nos hacen vulnerables tenemos que voltear a todos los factores sociales y políticos, la pobreza, la desigualdad, el acaparamiento del agua por muy pocas industrias y personas, la inseguridad, las políticas públicas y  el mercado”.

En América Latina y el Caribe, si bien los recursos hídricos son abundantes, la región enfrenta desafíos complejos en materia de disponibilidad, calidad y distribución del agua, señala el Banco Mundial en su portal de internet. “En los últimos 15 años, las sequías se han vuelto más frecuentes, prolongadas y extremas en América Latina y el Caribe. Se prevé que los riesgos de sequía aumentarán en zonas más secas, como el noreste de Brasil y partes de América Central, el Caribe y México, a medida que el cambio climático y las mayores presiones demográficas continúen impulsando un incremento de la demanda hídrica y disminuciones en los suministros de agua”.

La sequía y El Niño en Sudamérica

En el mes de abril, Ecuador enfrentó el recorte del suministro eléctrico y apagones de hasta 13 horas, debido a la falta de lluvias y la consecuente disminución de los niveles de agua que abastecen las hidroeléctricas en el país. Esta situación fue el resultado de una sequía que inició en marzo de 2024.

“El problema de Ecuador fue producto principalmente de El Niño”, sostiene Nieto. “Hemos pasado por una severa disminución de agua en los embalses para las hidroeléctricas y eso implicó que haya un racionamiento de energía eléctrica. Ecuador tiene un Plan Nacional para las sequías que se está aplicando y está funcionando”, agrega.

El primer trimestre del 2024 también ha sido crítico en Colombia. De acuerdo con información del Ministerio de Ambiente, durante el trimestre de enero a marzo de 2024 se presentó  desabastecimiento de agua en 277 municipios y 24 departamentos del país.

“Afortunadamente Colombia ha superado los impactos del fenómeno El Niño y hemos pasado de ese punto a una fase neutra. Aún se registran, sin duda, sequías, pero por el momento lo más fuerte ya ha pasado”, señala Camilo Prieto, profesor de Cambio Climático de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia.

Prieto comenta que las consecuencias han sido relevantes en varios aspectos. En la agricultura hubo una disminución del rendimiento de los cultivos, también ocurrió estrés hídrico en diferentes ciudades y municipios del país, además se trató de un tema muy crítico para la generación de energía eléctrica de todo el Sistema Interconectado Nacional. “La capital del país, Bogotá, sigue viviendo las secuelas de esa sequías y es muy posible que el racionamiento de agua que en este momento experimenta la ciudad se extienda hasta final de año, precisamente porque los niveles de los embalses llegaron hasta unos niveles muy críticos y la recuperación va a tardar varios meses”.

Bolivia también enfrentó una sequía durante el 2023. Durante el último trimestre de ese año, 105 municipios de siete departamentos fueron declarados en desastre municipal debido a falta de agua. El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) indica que en varios departamentos del país durante enero, febrero, marzo y abril del 2024 se observaron temperaturas elevadas que superaron los máximos históricos.

La información del Senamhi, publicada por el Sistema de Información para Sequías en el Sur de América, advierte que las anomalías de temperaturas y las precipitaciones registradas allí, durante el primer trimestre de 2024, no alcanzan para paliar el escenario de sequía registrado en años anteriores.

“Es extremadamente preocupante cuando se miran los números y es más preocupante ver las acciones de nuestros gobernantes que, en lugar de tomar medidas necesarias, siguen echando leña al fuego incentivando el avance de la frontera agropecuaria”, comenta el biólogo Vincent Vos, coordinador de investigación del Proyecto Salud Planetaria y Responsable del Departamento de Investigación de Manejo Integral de Bosques del Instituto de Investigaciones Forestales de la Amazonía, en la Universidad Autónoma del Beni José Ballivián.

Vincent Vos señala que las zonas tradicionalmente secas, como el norte de Potosí y Oruro, ahora están bajo un gran estrés hídrico, por lo que la población se ha visto en la obligación de migrar a lugares con mejores condiciones hídricas. Otra preocupación está en las grandes ciudades que no cuentan con suficiente abastecimiento de agua. Y una tercera preocupación está en la Chiquitanía y la Amazonía. “Esos bosques están desapareciendo y con ellos también el agua, la tendencia es tan drástica que se perdió 64 % de las aguas superficiales e incluso se están secando lagunas, arroyos y pantanos. Esto significa problemas para la misma ganadería y la agricultura, pero sobre todo para las comunidades tradicionales”.

Esfuerzos para contrarrestar la sequía

“Un primer gran paso es reforestar, pero con las especies nativas de cada zona, no con cualquier especie”, señala Juan José Nieto sobre las alternativas para recuperar suelos y enfrentar la desertificación causada por las sequías.

La reforestación permite que la humedad se mantenga en el suelo, explica Nieto, y la transpiración de las hojas de las plantas mismas hacen que esa humedad regrese a la atmósfera. Así se genera el ciclo para las lluvias. “¿Pero estamos reforestando? No, más bien, estamos deforestando en algunas zonas, entonces la tarea viene difícil”, agrega.

Nieto comenta que si bien existen experiencias de reforestación en los países de Latinoamérica, estas se dan a pequeña escala. Cita, por ejemplo, las zonas de alto andinas en Perú con vegetación que retiene la humedad. Por el contrario, dice Nieto, a nivel regional, las políticas de Estado son débiles: “Se ha podido lograr el rescate de algunos sitios reforestando con especies endémicas, pero los impactos no son tan grandes. Los esfuerzos son locales, pero no como estados”.

El experto del Ciifen explica que la lucha contra la sequía es muy difícil de enfrentar a diferencia de las inundaciones. Aunque la sequía parezca menos dramática, porque no se ven los efectos de la misma forma que cuando ocurren inundaciones, manejar los impactos de las sequías es más complicado y las medidas realmente efectivas son muy pocas. Otro aspecto que también se debe tener en cuenta con relación a las sequías, aclara Nieto, es la seguridad alimentaria, pues no solo afecta la provisión de alimentos en cuanto a cantidad, sino también en calidad.

Para Helena Cotler, del CentroGeo, un tema importante para enfrentar las sequías son las regulaciones legales. “Aquí en México estamos peleando para hacer modificaciones en la Ley de Agua. Lo que estamos pidiendo en el Congreso es el cambio de la legislación  para que incorpore el derecho humano al agua y, con ello, modificar la actual ley neoliberal que considera el agua como una mercancía”.

Cotler agrega que al modificar la  Ley de Aguas también cambiaría la regulación de las concesiones. “Actualmente, los pueblos originarios no tienen acceso a concesiones de agua, pero sí las industrias. Eso también tendría que ser modificado”.

En México, por ejemplo, más del 60 % del agua concesionada la tienen 6,247 usuarios, precisa Cotler, entonces, realmente hay una concentración terrible y eso significa que la población, en general, no tenga acceso al agua. La especialista del CentroGeo indica que los territorios agrícolas con más de 50 hectáreas son los que disponen de agua, mientras que los pequeños campesinos no cuentan con el recurso.

“El problema de la sequía también ocurre porque se instalan cultivos que requieren una gran cantidad de agua  en ambientes áridos y semiáridos. Por ejemplo, la costa de Perú tiene grandes cultivos agroindustriales que requieren mucha agua en un ecosistema con escasez del recurso. Y lo mismo sucede en el norte de México. Ahí hay una gran contradicción”, comenta Cotler.

Cotler menciona que existen experiencias de pueblos originarios para captar agua a través del manejo sostenible de sus bosques. Otros están introduciendo nuevos conceptos agroecológicos. Pero son proyectos locales, muchas veces sin apoyo del gobierno. A nivel de país, en cambio, lo que se hace es construcción de infraestructura. “Si no llueve, aunque se construyan presas, éstas no se llenan”.

Camilo Prieto, de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia, menciona algunas experiencias locales para enfrentar la sequía. Uno de estos casos ocurre en Bahía Málaga, en el Pacífico colombiano, se logró que los habitantes de la comunidad de Isla Plata cambiaran la tala del bosque por proyectos enfocados en ecoturismo. Sin embargo, menciona Prieto, uno de los grandes limitantes para el desarrollo del proyecto es la escalada de violencia que se ha reactivado en el país. “Los lugares de mayor conflictividad social son las fronteras con los bosques primarios. Esa es una de las grandes dificultades que tenemos”.

Otro asunto relevante para lo que queda del 2024 es la preparación y la gestión del riesgo que debe tener el país ante la llegada de La Niña. “Eso tiene que ver con las perspectivas de adaptación y el impulso que se debe dar a todas las políticas que busquen organizar el territorio en torno al agua”.

El experto en cambio climático menciona que hay un lugar de particular interés en Colombia que es la Mojana, una zona inundable en el norte del país que tradicionalmente ha buscado frenar los flujos del agua mediante diferentes obras de infraestructura, pero que han fallado reiteradamente.

“Creo que esta es una oportunidad para que no se insista en buscar generar un control sobre los flujos del agua, sino aprender cómo convivían las comunidades originarias en épocas anteriores a la colonia en la región andina y el Caribe. También aprender cómo lo hacen los colombianos que habitan en la Orinoquía que han conservado muchas tradiciones y soluciones que fueron aprendidas durante generaciones para adaptarse a esos flujos de agua”, señala Prieto.

Vincent Vos, de la Universidad Autónoma del Beni José Ballivián, en Bolivia, se refiere al Foro Social Panamazónico (Fospa), que se realizará en Bolivia en junio de este año, como un espacio de encuentro para grupos ambientalistas, pueblos originarios y académicos que debatirán sobre los problemas que afectan a la región. “Es necesario hacer un llamado para un modelo más sostenible de los recursos. Una propuesta centrada en una economía de bosques que los valore en lugar de deforestar y reemplazarlos para otros usos”.

Vía Mongabay

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