La resolución fue aprobada en sesión formal del Concejo Municipal de Cobija. En una conversación posterior, el homenajeado reconstruyó su historia personal, su gestión en el fútbol y la influencia decisiva de su padre.
La declaratoria quedó asentada en acta oficial. El documento, leído en sala, consignó méritos deportivos, institucionales y sociales. Horas después, ya sin protocolo ni discursos preparados, Jorge Justiniano recibió a El Progreso de Pando en una entrevista exclusiva concedida en su oficina del Tribunal Departamental Electoral. No hubo atril ni banda municipal. Solo un escritorio y una conversación extensa.
“Yo no soy hombre de homenajes”, dijo al inicio. “He trabajado toda mi vida en silencio. Si hoy el Concejo decidió otorgarme esta declaratoria, la acepto con gratitud, pero sin perder de vista que el trabajo continúa”.
Habla con una cadencia pausada. No responde con frases cortas; reconstruye procesos.
“Mi formación viene de casa. Mi padre me enseñó que el servicio público es responsabilidad, no privilegio, él impulsó la ley que creó la Universidad Amazónica de Pando y también promovió la ley de la Zona Franca en 1983. Nunca buscó reconocimiento personal, yo crecí viendo eso”.
Aclara que su trayectoria siguió un camino distinto.
“Yo opté por el deporte como espacio de construcción social, en Pando el fútbol no era solo un juego, era un punto de encuentro. Cuando asumimos responsabilidades en la Asociación de Fútbol de Pando, lo primero que hicimos fue ordenar la estructura administrativa, sin organización no hay resultados”.
Recuerda con precisión los primeros años.
“Había carencias evidentes: infraestructura limitada, escaso financiamiento, divisiones menores desatendidas, decidimos empezar por abajo, apostar por la formación, capacitar entrenadores, establecer controles médicos, crear reglamentos internos claros”.
En 2006 llegó el resultado que, según él, marcó un antes y un después.
“Obtuvimos el campeonato nacional Sub-19 organizado por la Federación Boliviana de Fútbol. Fue histórico para el departamento, pero no se trató de un golpe de suerte, fue consecuencia de un proceso de varios años”.
Describe la escena sin grandilocuencia.
“El estadio estaba lleno. La gente necesitaba creer que podíamos competir de igual a igual, ese título nos devolvió confianza colectiva, siempre digo que el deporte también construye autoestima regional”.
Pero no se detiene en el trofeo.
“Después del campeonato entendimos que no bastaba con celebrar, teníamos que consolidar ese trabajo con infraestructura y por eso iniciamos gestiones ante la FIFA para la construcción de una cancha con certificación internacional, cumplimos cada requisito técnico: drenaje, nivelación, vestuarios, cerramiento perimetral”.
El proceso fue riguroso.
“Recibimos inspecciones periódicas. En 2014 realizaron el control final de calidad y la calificaron en el nivel más alto vigente en ese momento. Para Pando fue un logro estructural, no simbólico, significó abrir la puerta a competencias oficiales en mejores condiciones”.
La conversación se desplaza hacia la decisión familiar de donar terreno.
“Mi familia entregó cuatro hectáreas urbanizadas destinadas al desarrollo deportivo. Fue una decisión consensuada, porque en casa creemos que la tierra cumple su función cuando se convierte en espacio de utilidad pública. Ese desprendimiento de mi familia está documentado, porque no fue un gesto improvisado”.
Insiste en que el deporte fue su principal plataforma de acción.
“Siempre entendí que la disciplina deportiva forma carácter, a muchos jóvenes les ofreció la alternativa frente situaciones difíciles. Yo he visto chicos cambiar su rumbo gracias a un equipo, a un entrenador, a una rutina”.
En paralelo, desarrolló carrera institucional.
“Ingresé al órgano electoral como jefe de archivo. Mi formación jurídica me permitió avanzar en responsabilidades técnicas, defendí y defiendo la independencia institucional. En cargos públicos uno debe ser escrupuloso, porque la confianza ciudadana es frágil”.
Reconoce que no todo fue sencillo.
“Hubo momentos de tensión política, cuestionamientos, procesos complejos. Pero la función pública exige serenidad, si uno actúa dentro de la norma, con respaldo documental, el tiempo termina aclarando los hechos”.
Sobre la declaratoria como Hijo Predilecto de Cobija, evita cualquier tono épico.
“No lo interpreto como un logro personal aislado. Es un reconocimiento al trabajo de equipos completos, nadie tiene logros de manera solitaria. Detrás de cada proyecto hay colaboradores, dirigentes, familias”.
Hace una pausa antes de continuar.
“Cobija es una ciudad joven en términos históricos. Hemos tenido que construir muchas cosas desde cero. Infraestructura, institucionalidad, identidad, si algo me satisface es haber aportado a ese proceso”.
Le preguntamos qué significa, en términos íntimos, recibir este título.
“Significa responsabilidad adicional, cuando la ciudad te distingue, te exige coherencia permanente, yo no puedo rifar mis principios ahora. Al contrario”.
Vuelve a mencionar a su padre, no como figura política, sino como referencia ética.
“Él decía que el reconocimiento verdadero es la tranquilidad de conciencia, es por eso que yo procuro vivir con esa idea. Los títulos pasan; lo que queda es la conducta”.
La entrevista se extiende por más de una hora y cada respuesta busca contexto, explicación, antecedente.
“Si algo he aprendido es que los procesos sólidos no se construyen en un año ni en un mandato, requieren continuidad y mi aporte fue insistir en esa continuidad”.
Antes de despedirse, formula una reflexión final.
“Los homenajes son circunstanciales, lo importante es que las nuevas generaciones tomen la posta. Si mi historia sirve para demostrar que desde Pando se pueden alcanzar estándares nacionales e internacionales, entonces el esfuerzo valió la pena”.
Afuera, la tarde cae húmeda sobre Cobija. La ciudad ya ha formalizado un título honorífico. En el interior de su oficina, el homenajeado prefiere hablar de trabajo, disciplina y legado.
La declaratoria figura en documentos oficiales, su relato, en cambio, queda suspendido en la memoria oral de una entrevista que, más que celebrar, reconstruye una trayectoria narrada en primera persona.





