El seleccionador boliviano expone fortalezas y riesgos del rival, subraya la diferencia física y fija una propuesta técnica basada en circulación baja, precisión y control para el duelo decisivo.
Bolivia acelera su preparación con una hoja de ruta clara.

Óscar Villegas elevó el nivel de exigencia y puso nombre propio a las amenazas de Surinam, un equipo que combina potencia, velocidad y eficacia en espacios reducidos. El análisis no es superficial: el cuerpo técnico desmenuzó cada línea rival antes de aterrizar en Monterrey.
“Son jugadores fuertes, con presencia en ligas importantes y un estilo directo que no perdona errores”, afirmó el entrenador, dejando instalada la principal advertencia. La Verde sabe que cualquier pérdida puede convertirse en un ataque profundo del adversario.
La radiografía incluye un rasgo clave del rival. “Esperan bien ordenados y cuando salen lo hacen con mucha profundidad”, explicó Villegas, apuntando a la necesidad de sostener concentración total y coberturas sincronizadas para evitar desajustes.
El plan boliviano tiene una identidad definida. “Debemos jugar al ras del piso, ahí podemos encontrar los espacios”, sostuvo, convencido de que la circulación rápida será el camino para romper la resistencia. También remarcó un recurso que puede inclinar la balanza: “Tenemos buena media distancia, hay futbolistas con remate que pueden marcar diferencia”.
La variante táctica por el cambio de entrenador en Surinam no pasa desapercibida. La llegada de Henk Ten Cate introduce matices. “Hemos visto su trabajo en clubes. Puede sostener lo que ya tenían o ajustar detalles, estamos preparados para ambas situaciones”, señaló.
Tras un traslado extenso, el plantel ya trabaja en régimen cerrado en Monterrey. El enfoque es total, la intensidad no baja y la consigna se ejecuta sin margen de error: lectura rápida, precisión en cada pase y contundencia en los metros finales.