El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán responsabiliza a Estados Unidos por un ataque militar contra instalaciones nucleares civiles, calificándolo como una escalada bélica peligrosa que amenaza la estabilidad mundial.
Irán ha emitido una dura nota firmando a Washington como responsable directo del inicio de un conflicto armado que amenaza con extenderse más allá del plano regional. En su comunicado oficial, el Ministerio de Exteriores califica como “salvaje agresión militar” el supuesto bombardeo estadounidense dirigido a instalaciones nucleares de carácter pacífico, alegando que la acción se cometió en violación de la Carta de las Naciones Unidas y del derecho internacional.
El documento insiste en que Estados Unidos ignoró los canales diplomáticos y accionó en coordinación con Israel, cuya estrategia se ha descrito como genocida. Según Teherán, la operación no solo representa una afrenta a la soberanía iraní, sino que ejemplifica la falta de ética internacional al vulnerar convenciones legales propias de una potencia de la envergadura de la que ocupa un asiento permanente en el Consejo de Seguridad.
El texto acusa a Trump y a su administración de perpetrar “uno de los actos más viles” en la política exterior estadounidense, responsabilizándolos por las graves consecuencias que puedan desencadenarse. El comunicado señala que Irán —en ejercicio de su derecho legítimo a la autodefensa— está preparado para responder de forma “proporcional y escalable”, y emplaza a la comunidad internacional para intervenir jurídicamente.
La ofensiva fue confirmada por Trump, quien señaló que la Fuerza Aérea cumplió un bombardeo exitoso sobre Fordow, Natanz e Isfahán. El ex presidente describió la operación como una maniobra militar impecable, con todas las armas detonando y los aviones regresando sin daños, reivindicándola como una exigencia para preservar la paz a través de la disuasión militar.
Las reacciones globales no se hicieron esperar. Putin y la diplomacia rusa advirtieron sobre el riesgo de un conflicto nuclear y urgieron una sesión extraordinaria del Consejo de Seguridad. China describió la acción como una amenaza al orden colectivo, mientras países latinoamericanos y europeos replicaron que el ataque representa una escalada intolerable.
Perspectivas políticas en EE. UU. y en Irán divergen totalmente: mientras Trump defiende la legitimidad del ataque basándose en la protección nacional, Teherán denuncia una agresión ilegal y exige que la ONU actúe. Los partidos moderados estadounidenses han manifestado su preocupación por la vuelta a tácticas belicistas, y algunos congresistas solicitaron frenar financiamiento militar sin control diplomático.
En Irán, el canciller Hossein Amir-Abdollahian advirtió que las fuerzas iraníes actuarán si se producen más agresiones. Además, desveló que el caso ha sido formalmente presentado ante el Derecho Internacional y la ONU, enfatizando la cooperación que esperan de países como Turquía, India y Sudáfrica.
El impacto en el mercado petrolero fue inmediato: los precios del barril subieron casi 8 %, reflejando miedo a una interrupción del tráfico en el Estrecho de Ormuz o represalias contra infraestructuras energéticas. Especialistas advierten que una crisis sin solución diplomática podría desencadenar recesión global.
