La administración cubana denuncia que la orden ejecutiva estadounidense, que amenaza sanciones a proveedores de combustible, profundiza un bloqueo que afecta la economía y la vida diaria de los ciudadanos.

El Gobierno de Cuba condenó este jueves la reciente medida de Estados Unidos, calificándola como un “brutal acto de agresión” dirigido contra la isla y su población. La decisión estadounidense contempla sanciones para los países que mantengan suministros de petróleo hacia Cuba, una política que se suma a décadas de restricciones económicas.

El canciller Bruno Rodríguez informó que la escalada se apoya en argumentos que describió como falsos, presentando a Cuba como un riesgo inexistente. Según sus declaraciones oficiales, la orden ejecutiva busca prolongar un bloqueo que ya afecta gravemente el abastecimiento de combustible, insumos básicos y el funcionamiento de sectores esenciales para la vida cotidiana de los cubanos.

Rodríguez señaló que, además de las restricciones directas sobre la isla, Estados Unidos ejerce presión sobre terceros países mediante amenazas de aranceles y sanciones comerciales si deciden mantener relaciones con Cuba. Estas acciones, aseguró el canciller, violan normas internacionales de comercio y constituyen un intento de influir sobre la soberanía de otras naciones.

El vicecanciller Carlos R. Fernández de Cossío se pronunció en la misma línea, destacando la trascendencia regional de la medida. En un mensaje publicado en su cuenta de Facebook, advirtió que la orden estadounidense establece un precedente preocupante y que su efecto no se limita a Cuba: “Si se acepta esta pretensión, se abre un capítulo de coerción global que podría amenazar la soberanía de otros Estados”, afirmó.

Las autoridades cubanas subrayan que la población ha enfrentado con resistencia las consecuencias del bloqueo durante décadas, pero advierten que la nueva escalada podría empeorar la situación en aspectos críticos como la disponibilidad de combustible, medicamentos y bienes esenciales. La administración cubana pide atención internacional ante la posibilidad de un aumento significativo de la presión económica y política sobre la isla.

Rodríguez y Fernández de Cossío señalaron que la política estadounidense se mantiene centrada en el control y la coerción, con efectos humanitarios que afectan directamente a la ciudadanía. La preocupación se enfoca en los impactos inmediatos sobre el abastecimiento y los servicios básicos, así como en la imposición de sanciones a otros países que podrían agravar la situación regional.