La Academia no supo imponerse en el Hernando Siles, donde La Guaira exhibió orden y eficacia. Un descuido del arquero evitó la caída y dejó preocupación instalada.


Otra noche en casa que termina con sabor amargo. Bolívar no pasó del empate 1-1 frente a Deportivo La Guaira y dejó la sensación de haber retrocedido más de lo que avanzó en esta Copa Libertadores. El resultado, sostenido por un error rival, vuelve a poner bajo la lupa el rendimiento colectivo.
El partido se inclinó desde temprano hacia el terreno que más le convenía a la visita. Con líneas juntas y un trabajo táctico prolijo, La Guaira desactivó los circuitos ofensivos del local. Bolívar tuvo la pelota, pero no el control del juego. Le faltó ritmo, sorpresa y precisión en los últimos metros.
La primera mitad terminó de evidenciar esas falencias. Alí Meza aprovechó un espacio sin vigilancia por el sector izquierdo y avanzó con libertad. Su pase hacia atrás encontró a Flabian Londoño, que resolvió con serenidad ante la mirada de Carlos Lampe. El 0-1 castigaba la pasividad defensiva y premiaba la claridad visitante.
La reacción no llegó de inmediato. Bolívar se mostró impreciso, con dificultades para enlazar pases y generar situaciones concretas. Martín Cauteruccio quedó desconectado, mientras Dorny Romero luchaba más de lo que jugaba. El equipo carecía de peso ofensivo y repetía errores.
El complemento ofreció un giro en el escenario con la expulsión de Rafael Arace. Con un hombre de más, el conjunto dirigido por Flavio Robatto tenía la obligación de asumir el protagonismo total. Pero la superioridad numérica no se tradujo en dominio efectivo.
Bolívar avanzó, empujó, pero sin claridad. El balón circulaba sin profundidad, y las aproximaciones terminaban diluyéndose antes de generar peligro real. Jorge Sánchez fue más espectador que protagonista durante largos pasajes del segundo tiempo.
Cuando el partido se apagaba, apareció la única chispa de lucidez ofensiva. Sánchez cometió un error al intentar salir jugando y no percibió la presión de Romero. El delantero reaccionó rápido, robó la pelota y definió con eficacia para establecer el empate. Fue una acción de oportunismo puro, desconectada del funcionamiento general.
El gol no alcanzó para cambiar la historia. En los minutos finales, Bolívar no encontró los caminos para inclinar la balanza. La ansiedad reemplazó a las ideas, y el equipo terminó atrapado en intentos desordenados, sin capacidad para quebrar la resistencia rival.
El empate deja un saldo incómodo. Más allá del punto, el rendimiento no convence y la sensación de fragilidad se mantiene. Bolívar no logra imponer su localía ni traducir la posesión en situaciones claras, una combinación que empieza a pesar en el grupo.
El próximo compromiso frente a Fluminense asoma como una prueba de carácter. Para sostener aspiraciones, el margen de error se achica. Y lo que hasta ahora aparece como esporádico, deberá transformarse en algo mucho más consistente.