La Selección nacional dio vuelta un resultado adverso frente a Surinam en Monterrey, ganó 2-1 con determinación y ahora definirá su clasificación al Mundial 2026 ante Irak el martes 31 de marzo.
La escena fue de resistencia y respuesta. Bolivia caminó por la cornisa durante varios pasajes del partido, pero sostuvo el pulso, no perdió la forma y terminó encontrando el camino hacia una victoria que la coloca a un paso de algo mayor. El 2-1 sobre Surinam en Monterrey dejó algo más que un resultado: dejó señales de carácter en una noche que exigía firmeza.
El arranque marcó la intención. Bolivia tomó la pelota, la hizo circular y se instaló en campo rival. No fue un dominio superficial, sino sostenido, con Vaca como eje organizador y con Fernández y Medina proyectándose por los costados para abrir la defensa. El equipo de Villegas apostó por amplitud y paciencia, sin resignar presencia en el área.
Surinam eligió otro libreto. Esperó, cerró líneas y apostó por salidas directas. Cada recuperación buscó a Kerk, referencia ofensiva que exigió en velocidad a la última línea boliviana. Esa dualidad configuró un partido abierto en cuanto a intenciones, aunque controlado en ritmo por la Verde.
El primer aviso llegó desde arriba. Haquin conectó un centro en pelota parada, pero la dirección no fue la adecuada. Luego, Medina ganó línea de fondo y lanzó un envío que Monteiro no logró empujar. Bolivia insistía por fuera, intentando desarmar un bloque que no ofrecía espacios.
La respuesta de Surinam fue más directa. Un envío largo encontró a Kerk, que avanzó con potencia y habilitó a Piroe. El delantero definió afuera en una jugada que exigía mayor precisión. La acción dejó en claro que la diferencia no estaba en la posesión, sino en la eficacia.
El desarrollo se tensó. Bolivia mantenía la pelota, pero Surinam encontraba momentos para inquietar. Viscarra apareció en un cierre determinante dentro del área, evitando la caída de su arco en una jugada de corta distancia. Fue una intervención que sostuvo el equilibrio en un tramo donde el rival había crecido.
El descanso llegó sin goles, pero con una lectura clara: Bolivia dominaba el territorio, Surinam generaba peligro con menos volumen. El margen seguía abierto.
El complemento cambió el guion en pocos segundos. A los 47 minutos, tras una secuencia de rebotes dentro del área, Van Gelderen encontró el balón y definió para el 1-0. La ventaja de Surinam obligó a Bolivia a modificar el enfoque sin romper su estructura.
La reacción fue medida. Bolivia no se desordenó. Adelantó líneas, incrementó la presión y comenzó a jugar más cerca del área rival. Monteiro tuvo una opción aérea que no logró encuadrar. Más adelante, Terceros probó desde media distancia, pero el arquero respondió.
El partido se inclinó hacia el campo de Surinam. Bolivia acumuló llegadas, empujó con insistencia y sostuvo el ritmo. Los cambios aportaron energía y presencia en ataque, modificando la dinámica.
A los 72 minutos llegó el empate. Paniagua, recién ingresado, capturó una pelota suelta dentro del área y definió con rapidez. Fue una jugada de lectura inmediata, de reacción en un espacio reducido. El gol modificó la inercia del encuentro.
La Verde creció en confianza. El empate no fue punto de llegada, sino impulso. Medina volvió a aparecer por banda y la acción derivó en una infracción dentro del área. El árbitro sancionó penal a los 77 minutos.
Terceros tomó el balón. Ejecutó con precisión a los 79 minutos, colocando el remate lejos del arquero. El 2-1 reflejó el momento del partido: Bolivia con iniciativa, Surinam superado en el tramo decisivo.
El cierre exigió orden. Bolivia ajustó la defensa, redujo espacios y evitó transiciones peligrosas. El ingreso de Arroyo reforzó la última línea, aportando firmeza en los duelos aéreos y en la cobertura.
Surinam adelantó posiciones y buscó con envíos largos, pero no encontró claridad. Bolivia sostuvo el resultado con disciplina táctica, evitando desajustes y administrando el ritmo en los minutos finales.
El triunfo se construyó desde la insistencia y la capacidad de respuesta. Bolivia mantuvo su propuesta incluso en desventaja, sin perder claridad ni caer en la desesperación. La eficacia en dos acciones puntuales definió el marcador.
Las estadísticas del partido reflejan el dominio territorial boliviano, con mayor posesión y presencia ofensiva. Sin embargo, también evidencian las dificultades ante ataques directos, una variable que condicionó el desarrollo en varios pasajes.
La incidencia de los cambios fue clave. Paniagua aportó definición en el momento justo, mientras que Terceros asumió la responsabilidad en una instancia de alta presión. La respuesta desde el banco amplió las opciones y fortaleció el rendimiento colectivo.
Bolivia avanzó a la final del repechaje y enfrentará a Irak el martes 31 de marzo a las 23:00 (hora boliviana), nuevamente en Monterrey. El ganador ocupará un lugar en el Grupo I del Mundial 2026, junto a Francia, Senegal y Noruega.

















