La comunidad de Cotapachi, en Cochabamba, vive días de consternación luego de que un operativo policial derivara en la muerte de dos comunarios, alcanzados por disparos directamente en el corazón, y dejara a más de diez personas heridas. El abogado de las víctimas, Eduardo Mérida, denunció que la intervención se ejecutó con «saña» y sin considerar la vida de los pobladores.
Según Mérida, los fallecidos murieron frente a sus domicilios, a alrededor de un kilómetro del límite que motivó el bloqueo de vías en la zona. «Se entraron a victimar; los comunarios relatan que policías sacaron revólveres y dispararon directamente al corazón de los fallecidos. Hay casquillos esparcidos por todo el lugar», declaró en entrevista con la red UNO.
La violencia policial, según testigos, se extendió más allá del área de conflicto, alcanzando viviendas e incluso afectando a mujeres y niños. Los comunarios relataron que los efectivos lanzaron gases lacrimógenos dentro de las casas, generando miedo, llanto y desorientación entre los más pequeños. «Se entraron a victimar… dispararon gases lacrimógenos al interior de las casas, hicieron llorar a niños, maltrataron a mujeres», aseguró Mérida, citando los testimonios de los pobladores.
El abogado responsabilizó también a los alcaldes de Quillacollo y Colcapirhua por no mediar de manera efectiva para prevenir la escalada del conflicto limítrofe. «La resistencia de los comunarios era real, pero la respuesta policial fue desproporcionada y letal. En vez de diálogo, ingresaron disparando y cruzando límites», explicó.
De acuerdo con los relatos, algunos efectivos vestían trajes descritos como «dálmata» y portaban armas de fuego. Los comunarios afectados están dispuestos a declarar ante la justicia para que se esclarezcan los hechos y se identifique a los responsables. Entre los heridos se encuentran personas con balas en el cuerpo, mujeres y niños afectados por gases lacrimógenos, y pobladores con lesiones de diversa gravedad.
Hasta el momento, la Policía no ha emitido un pronunciamiento oficial que confirme o desmienta los relatos sobre los disparos al corazón, aunque previamente había informado que no se usaron armas de fuego. Esta discrepancia genera desconfianza en la población y un reclamo urgente de transparencia y justicia.
