Con tecnología moderna y una inversión millonaria, la planta de Emapa busca no solo abastecer el mercado interno, sino también posicionarse a futuro en mercados internacionales.
La planta industrial de Emapa en San Julián se ha consolidado como un motor de transformación en el oriente boliviano. Con 40.000 toneladas de soya acopiadas hasta la fecha y capacidad de almacenar hasta 48.000, esta infraestructura es hoy un modelo de eficiencia estatal en la producción de alimentos derivados de soya.
Durante una visita guiada, el gerente Rudy Alarcón explicó que el complejo opera con insumos de alta calidad adquiridos de productores cruceños.
Gracias a esto, se elaboran productos ya etiquetados para su ingreso al mercado: harina “NutraSoy” y aceite “Sabor Casero”.
Infraestructura y tecnología al servicio del desarrollo
La planta cuenta con cuatro líneas principales: harina solvente (741 t/d), cascarilla (70 t/d), aceite crudo (182,79 t/d) y aceite refinado (188,12 t/d). Esta capacidad le permite procesar hasta 1.000 toneladas de soya por día, un volumen que proyecta a Bolivia hacia un futuro con menos dependencia de importaciones.
Desde el sector de refinería, Nicol López detalló que la harina se empaca en sacos de 50 kilos, asegurando condiciones óptimas para su conservación y traslado.
Mientras tanto, el aceite se alista para llegar a las familias bolivianas entre mayo y junio, según confirmaron autoridades de Emapa.
Con más de Bs 424 millones invertidos, esta planta es parte de la estrategia del Estado para garantizar el abastecimiento interno y, a mediano plazo, incursionar en mercados externos.
La producción masiva, la calidad del producto y los precios competitivos hacen posible que Bolivia no solo consuma lo propio, sino que también pueda exportar excedentes en el futuro cercano.
