Una actuación colectiva impecable llevó a España hasta la segunda estrella mundial. Argentina nunca encontró respuestas y Lionel Messi cerró su recorrido en los Mundiales con una derrota.

La Copa del Mundo 2026 encontró un nuevo dueño. España recuperó el lugar más alto del fútbol internacional al imponerse por 1-0 sobre Argentina en una final resuelta en la prórroga, coronando un campeonato en el que combinó orden, personalidad y una identidad de juego que fue creciendo partido tras partido. El gol de Ferran Torres, en el minuto 106, terminó premiando al equipo que más propuso durante la noche en el MetLife Stadium, escenario donde también concluyó la trayectoria mundialista de Lionel Messi.
El conjunto dirigido por Luis de la Fuente no improvisó. Desde el pitazo inicial dejó claro cuál sería su libreto. Presión coordinada, circulación rápida del balón y una ocupación inteligente de los espacios fueron las herramientas que le permitieron controlar buena parte del encuentro frente al campeón defensor.
Argentina, que había llegado a la final impulsada por la experiencia de su plantel y por una nueva actuación decisiva en semifinales, nunca logró instalar su juego habitual. La posesión fue mayoritariamente española y los intentos de transición rápida chocaron permanentemente con una defensa que mostró la misma solidez exhibida durante todo el torneo.
Uno de los datos que mejor resume la superioridad española es el registro ofensivo argentino. En los más de 120 minutos de competencia, la Albiceleste no consiguió realizar un disparo entre los tres postes. Messi recibió escasa compañía en ataque, mientras Julián Álvarez y los hombres de mitad de cancha quedaron absorbidos por la presión permanente de los europeos.
El capitán argentino afrontó una jornada cargada de simbolismo. A sus 39 años disputó el que había anunciado como su último compromiso en una Copa del Mundo. Después de alcanzar la gloria en Catar 2022, buscaba despedirse con otra vuelta olímpica, aunque el desarrollo del partido terminó alejando esa posibilidad desde muy temprano.
España encontró espacios, generó aproximaciones y obligó a trabajar constantemente a Emiliano «Dibu» Martínez. El arquero argentino volvió a convertirse en una de las figuras del encuentro con varias intervenciones determinantes. Sus atajadas mantuvieron el empate durante el tiempo reglamentario y evitaron que el desenlace llegara antes del alargue.
La igualdad sin goles obligó a disputar treinta minutos adicionales. El desgaste comenzaba a sentirse en ambos equipos, aunque España mantuvo la iniciativa y siguió buscando la diferencia con paciencia. Luis de la Fuente recurrió al banco de suplentes para refrescar el ataque y una de esas variantes terminó resolviendo el campeonato.
A los 106 minutos apareció Ferran Torres. El delantero aprovechó una oportunidad dentro del área y descargó un potente remate imposible para Martínez. La definición recordó inevitablemente aquella conquista de Andrés Iniesta frente a Países Bajos en la final de Sudáfrica 2010, cuando España obtuvo por primera vez el título mundial.
La celebración española contrastó con el desconcierto argentino. La expulsión de Enzo Fernández durante la prórroga complicó todavía más el panorama para el equipo sudamericano, que debió afrontar el tramo decisivo con un futbolista menos y sin capacidad para alterar el desarrollo del encuentro.
Lionel Scaloni buscó respuestas desde el banco, pero las modificaciones no alcanzaron para cambiar el ritmo del partido. Lautaro Martínez, autor del gol decisivo en semifinales, permaneció como suplente durante gran parte de la final y entró cuando el reloj ya jugaba en contra de Argentina.
España administró la ventaja sin sobresaltos. La serenidad de sus defensores y el control del balón impidieron cualquier reacción. Cada recuperación era acompañada por largas secuencias de pases que consumían segundos valiosos mientras el equipo comenzaba a saborear la conquista.
La consagración representa la consolidación de un proceso iniciado varios años atrás. Luis de la Fuente logró construir un plantel equilibrado, donde convivieron futbolistas consolidados con jóvenes que asumieron protagonismo sin complejos. Esa mezcla permitió sostener un rendimiento estable durante toda la competencia.
La segunda estrella coloca nuevamente a España entre las selecciones más exitosas de la era moderna. Su anterior conquista había llegado hace dieciséis años, también en una final decidida en la prórroga gracias al recordado tanto de Andrés Iniesta. Ahora fue Ferran Torres quien escribió su nombre en la historia del fútbol español.
El nuevo campeón también fortaleció el predominio europeo en las últimas ediciones del Mundial. Desde 2006, cinco de los seis campeonatos fueron obtenidos por selecciones del continente: Italia, España, Alemania, Francia y nuevamente España. Solamente Argentina logró interrumpir esa secuencia al coronarse en Catar 2022.
En la clasificación histórica, Brasil continúa al frente con cinco Copas del Mundo. Alemania e Italia acumulan cuatro títulos, mientras Argentina permanece con tres. España alcanzó su segunda conquista e igualó a Francia y Uruguay dentro del grupo de selecciones con dos campeonatos mundiales.
La celebración continuará en territorio español. Las autoridades de Madrid prepararon un amplio operativo para recibir a la delegación, cuyo arribo está previsto en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Posteriormente, el plantel recorrerá las principales avenidas de la capital a bordo de un autobús descubierto hasta llegar a la Plaza de Cibeles, tradicional punto de encuentro de las celebraciones deportivas. Se espera la presencia de alrededor de un millón de aficionados, por lo que fueron movilizados más de dos mil agentes policiales y efectivos de la Guardia Civil.
El rey Felipe VI, quien siguió la final desde las tribunas junto a integrantes de la Familia Real, felicitó públicamente al seleccionado español. En un mensaje difundido por la Casa Real destacó el recorrido realizado por el plantel y afirmó: «Hoy celebramos un título; mañana recordaremos una leyenda». Además, valoró «el esfuerzo, el sacrificio, la constancia y la entrega ejemplar en cada partido», extendiendo el reconocimiento al cuerpo técnico encabezado por Luis de la Fuente y a toda la afición.
España volvió a escribir una de las páginas más importantes de su historia futbolística. Lo consiguió desde el juego colectivo, con una defensa casi infranqueable y una actuación que dejó sin respuestas al campeón vigente, devolviendo la Copa del Mundo al fútbol español después de dieciséis años.