El miedo a sanciones por comercializar carburantes de baja calidad empuja a los funcionarios de la estatal a demorar los análisis técnicos, vaciando las estaciones de servicio.
Las interminables hileras de motorizados en las ciudades responden directamente a un cuello de botella provocado por el temor del personal de la petrolera estatal. Tras haber quedado expuestos por la distribución de un lote defectuoso, los mandos medios de YPFB multiplicaron las auditorías a cada cisterna, bloqueando el suministro regular de los operadores privados.
Álvaro Ríos, exministro del área, identificó este freno operativo como el detonante del desabastecimiento crónico. “La gente en YPFB está asustada, hay exceso de regulación (…) falta de combustibles, se torna más crónica”, declaró, remarcando que la fiscalización extrema busca deslindar responsabilidades internas a costa del tiempo de los usuarios.
La exautoridad calificó la situación financiera y organizativa de la empresa como una crisis de gran magnitud que requiere cirugía mayor inmediata. “YPFB es una b0mb4 de tiempo, va a continuar desabasteciendo al país”, aseveró Ríos, explicando que la entidad “no funciona, fue saqueada (…) hay que hacer una restructuración profunda” debido al exceso de puestos gerenciales sin respaldo económico.
El analista adelantó que la pérdida de soberanía energética no se limitará a la gasolina y el diésel, proyectando un descalabro mayor a mediano plazo. “Ahora GLP, 2029, tendremos que importar gas natural (…) va a venir, no hay otra”, alertó respecto al futuro inmediato del consumo interno.
