El quiebre entre el Presidente y su Vicepresidente provoca un llamado a recomponer la conducción estatal, mientras aliados insisten en que el Gobierno debe responder a la crisis y no alimentar disputas internas.
La tensión creciente entre el presidente Rodrigo Paz y el vicepresidente Edmand Lara continúa marcando la agenda política nacional, amplificando la incertidumbre sobre la estabilidad del nuevo Gobierno. En medio del malestar generado por sus declaraciones cruzadas, dos de los principales aliados de Paz —Samuel Doria Medina y el expresidente Jorge Tuto Quiroga— exigieron que ambas autoridades liquiden cuanto antes sus diferencias y encaren la conducción del país con una mínima coherencia.
Doria Medina advirtió que la población observa con preocupación la ruptura pública entre los mandatarios, señalando que el país enfrenta desafíos demasiado graves como para tolerar pugnas internas. Afirmó que cualquier discrepancia debe resolverse de forma directa y sin exponer al Estado a un desgaste innecesario. Recordó que las familias bolivianas aguardan decisiones firmes y no discusiones que solo profundizan la percepción de un Gobierno dividido.
Quiroga, siempre crítico cuando se trata de tensiones en el Ejecutivo, lamentó que la confrontación haya derivado en un espectáculo que, según él, desacredita a la nueva administración. Calificó el intercambio de acusaciones como una “telenovela que nadie pidió” y urgió al binomio a abandonar los ataques públicos para concentrarse en la crisis económica que golpea al país. Subrayó que la ciudadanía necesita certezas sobre empleo, estabilidad cambiaria y abastecimiento de combustibles, no una exhibición de fracturas internas.
La disputa, que ya era evidente, estalló el fin de semana cuando Lara arremetió contra Paz, llamándolo “cínico” y alertando que algunos funcionarios recientemente posesionados podrían repetir esquemas de corrupción vinculados a la gestión de Jeanine Áñez. La dureza de las acusaciones reavivó tensiones y abrió un nuevo frente de desgaste para un Gobierno que apenas inicia su mandato.
En respuesta, Doria Medina insistió en que los ataques mutuos entre Paz y Lara no suman a la agenda nacional y, por el contrario, distraen de las urgencias más apremiantes. Reiteró que la población demanda estabilidad en el precio del dólar, abastecimiento de combustibles y medidas claras que permitan reactivar la economía. Indicó que cualquier avance logrado hasta ahora corre riesgo de diluirse si el conflicto interno sigue escalando.
Consultado sobre las versiones que atribuyen a Unidad una influencia directa en las decisiones del presidente Paz, Doria Medina rechazó categóricamente esa hipótesis. Explicó que las designaciones de funcionarios responden estrictamente a decisiones presidenciales y que su alianza no participa en repartos de cargos ni pactos de control político. Añadió que su contacto con Paz ha sido mínimo, limitándose a una conversación telefónica previa a la posesión.







