El envío ruso rompe el corte de suministros iniciado en enero, en un escenario de apagones y escasez, con luz verde de Washington y coordinación directa entre Moscú y La Habana.


El petrolero ruso Anatoli Kolodkin se posicionó en la rada del puerto de Matanzas con un cargamento cercano a las 100.000 toneladas de petróleo, listo para iniciar operaciones de descarga bajo control de autoridades portuarias cubanas.
La llegada del buque marca el fin de un periodo sin abastecimiento externo que se extendió desde el 9 de enero, cuando se detuvieron los envíos de combustible hacia la isla. Durante ese lapso, el sistema energético cubano operó con limitaciones severas, registrando interrupciones constantes en el suministro eléctrico.
El traslado del crudo se realizó desde terminales del mar Báltico. El buque navegó con bandera rusa y completó su ruta transatlántica sin escolta en su fase final. Solo contó con acompañamiento naval en aguas europeas antes de continuar en solitario hacia el Caribe, de acuerdo con registros de tráfico marítimo.
La interrupción previa de suministros estuvo vinculada a la suspensión de despachos desde Venezuela y México, que hasta entonces cubrían parte importante de la demanda energética cubana. La ausencia de esos flujos dejó a la isla sin reposición regular de combustible durante semanas.
Desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump dejó clara su posición respecto al arribo del buque. “No nos importa dejar que alguien reciba un cargamento porque lo necesita. Tienen que sobrevivir”, afirmó ante periodistas, habilitando el ingreso del envío sin objeciones.
En paralelo, el Gobierno ruso reiteró su respaldo a Cuba. El canciller Serguéi Lavrov sostuvo que Moscú mantiene una “solidaridad inquebrantable” con la isla. Por su parte, el portavoz del Kremlin Dmitri Peskov indicó: “Estamos en diálogo permanente con la dirección de Cuba y estamos debatiendo cómo ayudar en esta situación tan difícil”.
El volumen transportado equivale a varios cientos de miles de barriles de crudo, que deberán ser refinados antes de su distribución interna. Fuentes técnicas señalan que su impacto será inmediato pero acotado en el tiempo, sujeto a la capacidad operativa de las plantas locales.