El líder estadounidense endurece su retórica contra la alianza atlántica tras la negativa a intervenir en Ormuz, señalando falta de coraje militar y cuestionando la solidez del bloque occidental.


La tensión entre Estados Unidos y sus socios estratégicos alcanzó un nuevo punto crítico tras las declaraciones del presidente Donald Trump, quien lanzó una ofensiva verbal directa contra la OTAN. El mandatario no solo cuestionó la utilidad de la alianza, sino que puso en duda su capacidad operativa sin el respaldo militar estadounidense.
“¡Sin EE.UU., la OTAN es un tigre de papel!”, escribió, en un mensaje que rápidamente generó repercusiones internacionales. La frase no fue aislada: formó parte de una crítica más amplia dirigida a los países que se negaron a participar en una operación naval en el estrecho de Ormuz, considerado uno de los puntos neurálgicos del comercio energético mundial.
Trump vinculó esa negativa con la seguridad global y con la política de contención hacia Irán. “No quisieron unirse a la lucha para impedir que Irán se convirtiera en una potencia nuclear”, afirmó, atribuyendo a sus aliados una falta de determinación frente a una amenaza que, según su postura, requería acción inmediata.
El presidente estadounidense insistió en que la situación ya había sido resuelta mediante presión militar, minimizando los riesgos para otros países. “Ahora que esa lucha se ha ganado militarmente, sin apenas peligro para ellos, se quejan de los altos precios del petróleo”, sostuvo. A renglón seguido, reforzó su crítica: “pero no quieren ayudar a abrir el estrecho”.
La propuesta de Washington consistía en desplegar una coalición naval para garantizar el paso seguro de buques en la zona, una iniciativa que, según Trump, implicaba una intervención limitada. “Es una simple maniobra militar… tan fácil para ellos hacerlo, con tan poco riesgo”, expresó, antes de cerrar con una frase que marcó el tono de su mensaje: “¡Cobardes, y lo recordaremos!”.
La negativa internacional fue amplia y transversal. Países clave dentro y fuera de la OTAN optaron por no involucrarse militarmente. Entre ellos se encuentran Francia, Alemania y España, junto a economías relevantes como Japón, Corea del Sur y Australia, que evitaron enviar fuerzas a la región.
El trasfondo de esta decisión responde al temor de una escalada en Medio Oriente y a la complejidad de intervenir en una ruta donde circula cerca del 20% del petróleo global. La postura de estos países contrasta con la visión de la Casa Blanca, que insiste en acciones concretas para estabilizar el flujo energético.