El Banco Central admite una limitada disponibilidad de dólares y propone convertir reservas en oro en divisas, mientras crecen las dudas sobre el uso de activos estratégicos.


La Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) tiene en sus manos una autorización que expone la fragilidad de la liquidez externa: permitir que el Banco Central de Bolivia (BCB) convierta reservas de oro en dólares para sostener el tipo de cambio en un escenario de escasez.
El presidente del BCB, David Espinoza, presentó cifras oficiales que retratan el momento que atraviesa el país. Las reservas en divisas alcanzan los 340 millones de dólares, mientras que el total llega a aproximadamente 3.500 millones si se incorpora el valor del oro. “El nivel actual de las Reservas Internacionales Netas en divisas, que es la parte que podemos tranzar, está en 340 millones de dólares. El total considerando el oro está en orden de los 3.500”, afirmó.
La distancia entre ambos datos evidencia un problema concreto: la mayor parte del respaldo está en oro, un activo que no puede utilizarse directamente para cubrir necesidades inmediatas. La disponibilidad real de dólares es reducida frente a las exigencias del sistema económico.
El propio Espinoza reconoció esa limitación. “Nos permite realizar las transacciones, pero no nos da holgura”, sostuvo, al describir el alcance de las reservas líquidas. Esa admisión deja ver que la propuesta no responde a una planificación preventiva, sino a la necesidad de obtener recursos de forma inmediata.
La iniciativa plantea modificar la normativa vigente que obliga al Estado a mantener al menos 22 toneladas de oro como reserva. La intención es habilitar su conversión parcial en divisas para ampliar la liquidez. “Si lo convertimos a dólares nos va a permitir tener la espalda suficiente de reservas para liberar el tipo de cambio, devolver a los ahorristas lo que tienen retenido. El beneficio es evidente”, aseguró.
El planteamiento genera cuestionamientos por el tipo de salida que representa. Utilizar oro para conseguir dólares implica reducir el respaldo físico acumulado durante años, en un momento en el que las reservas cumplen un rol clave para sostener la confianza en la economía. La medida aparece vinculada a la falta de acceso a financiamiento externo, debido a que los créditos dependen de la aprobación legislativa y no han sido viabilizados en su totalidad.
El Gobierno logró incorporar 500 millones de dólares mediante un decreto, pero ese ingreso no alcanzó para revertir la presión sobre las reservas. En ese escenario, el oro se presenta como la alternativa disponible para cubrir la falta de divisas.
El antecedente de una negativa previa por parte de la ALP a una iniciativa similar añade mayor peso a la decisión actual. En ese momento, se priorizó resguardar las reservas estratégicas del país. Hoy, la misma propuesta vuelve con un nivel de divisas más bajo y mayores necesidades de liquidez.
Espinoza también recordó que, al inicio de la actual administración en noviembre de 2025, el país contaba con 70 millones de dólares en reservas líquidas. El incremento hasta los 340 millones muestra una mejora, aunque no modifica la situación de fondo: la disponibilidad de dólares sigue siendo limitada.
La autorización que analiza la ALP abre la posibilidad de utilizar reservas en oro para obtener liquidez inmediata. La medida apunta a sostener el tipo de cambio en el corto plazo, pero se ejecuta a costa de reducir un activo estratégico en un momento de presión económica sostenida.