La apertura del espacio aéreo permite a aerolíneas extranjeras operar escalas comerciales en Bolivia y captar pasajeros hacia terceros destinos, afectando la base de ingresos de la empresa estatal.
La aplicación de la quinta libertad del aire en Bolivia modifica las reglas del transporte internacional y coloca a Boliviana de Aviación (BoA) frente a una competencia directa en su principal fuente de ingresos: los vuelos al exterior. La medida, impulsada por el Gobierno mediante acuerdos bilaterales, habilita a compañías extranjeras a recoger pasajeros en aeropuertos bolivianos y trasladarlos a otros países, una práctica que hasta ahora no estaba permitida.
El cambio es operativo y comercial. Mientras BoA mantiene un esquema de rutas directas desde ciudades como La Paz, Santa Cruz y Cochabamba hacia destinos internacionales, las aerolíneas extranjeras podrán incorporar escalas en Bolivia dentro de trayectos más amplios, vendiendo boletos en cada tramo del recorrido. Esa diferencia en la estructura de vuelos amplía la capacidad de captación de pasajeros de los nuevos operadores.
Desde el personal de la empresa estatal se advierte que la medida impacta sobre un mercado ya consolidado. “Los pasajeros que viajan al exterior son el soporte económico de la compañía. Si ese flujo se divide, el efecto es inmediato”, indicó un trabajador del área comercial bajo condición de anonimato.
El Ministerio de Obras Públicas formalizó acuerdos con Brasil y Chile, y anunció la incorporación de Paraguay y Panamá en el mismo esquema. Estos convenios permiten que una aerolínea internacional opere rutas con escala en Bolivia y continúe hacia un tercer país, con autorización para comercializar pasajes en cada segmento.
El ministro Mauricio Zamora explicó el alcance de la medida en términos directos: “Una línea aérea puede llegar al país, embarcar pasajeros y seguir a otro destino. Eso amplía la oferta y mejora la conectividad”. La autoridad también aseguró que BoA está siendo fortalecida para operar en este nuevo escenario, con la ampliación progresiva de su flota.
Actualmente, la estatal incrementa el número de aeronaves disponibles con la proyección de alcanzar 18 unidades en los próximos meses. A ello se suma la implementación de servicios de mantenimiento con personal nacional, lo que, según el Gobierno, permitirá reducir costos operativos.
Dentro de la empresa, sin embargo, el análisis es más restrictivo. “No es solo un tema de flota, es la forma en la que se venden los vuelos. Las aerolíneas extranjeras pueden llenar un avión con pasajeros de distintos tramos, nosotros dependemos de un solo origen y destino”, explicó un funcionario con experiencia en planificación de rutas.
La presión sobre BoA se concentra en los trayectos internacionales más demandados, donde la empresa obtiene los mayores ingresos. La posibilidad de que aerolíneas extranjeras ofrezcan alternativas en esos mismos segmentos introduce una competencia directa que antes no existía en las mismas condiciones.
Al mismo tiempo, el mercado interno continúa presentando limitaciones. Las rutas hacia regiones alejadas del eje central registran menor demanda y mayores costos de operación, lo que ha derivado en ajustes en la red de destinos. Ciudades del norte amazónico y del sur del país han sido afectadas por la reducción de frecuencias o la suspensión de servicios.
“Esas rutas no generan el mismo ingreso que las internacionales, pero cumplen una función de integración. El problema es que no son sostenibles sin apoyo”, señaló un trabajador vinculado a operaciones aeroportuarias. Añadió que “las empresas extranjeras no van a asumir esos destinos, porque no son rentables”.
Desde cabina, la percepción es similar. “Nadie de afuera va a volar a Cobija o a Trinidad. Todos van a venir a las rutas donde hay pasajeros seguros, que son las que hoy sostiene BoA”, afirmó un tripulante.
La política de cielos abiertos también coincide con la concentración del tráfico en el eje troncal del país, donde se ubican los aeropuertos con mayor flujo. Esa concentración es precisamente la que atrae a operadores internacionales bajo el esquema de quinta libertad.
El Gobierno sostiene que la apertura permitirá mejorar el servicio y generar mayor competencia en beneficio de los usuarios. “Se busca que el pasajero tenga más opciones y mejores condiciones para viajar”, afirmó Zamora en declaraciones difundidas por canales oficiales.
En contraste, dentro de la estatal se advierte sobre un impacto financiero progresivo. “Si baja la ocupación en vuelos internacionales, se reduce el ingreso principal de la empresa. Eso afecta toda la estructura”, indicó un funcionario administrativo.
La implementación de esta política marca un punto de inflexión en el transporte aéreo boliviano. La entrada de nuevas aerolíneas con esquemas operativos más flexibles redefine el mercado en el que BoA ha operado durante años, con efectos que comienzan a reflejarse en su proyección económica y operativa.
