El dólar referencial trepa a 9,61 y rebasa al paralelo en 9,29 tras habilitación de tarjetas internacionales, evidenciando un nuevo tipo de cambio real impuesto sin anuncio oficial.


El mercado cambiario boliviano cruzó este jueves 9 de abril una línea que hasta hace poco parecía improbable. El dólar referencial —utilizado por bancos para consumos internacionales— abrió en 9,61 bolivianos, superando al dólar paralelo o USDT, que se ubicó en 9,29. No es una variación más: es la primera vez que el tipo de cambio aplicado dentro del sistema financiero formal rebasa al del circuito informal.
El dato coincide con la reciente determinación gubernamental de habilitar las tarjetas de débito y crédito para uso en el exterior bajo un precio referencial. En los hechos, esto implica que cualquier consumo fuera del país se liquida a un tipo de cambio más alto que el paralelo, trasladando directamente ese costo a los usuarios.
Sin embargo, la operativa dista de ser normal. En ciudades fronterizas de Brasil como Brasileia y Epitaciolândia, comercios —supermercados, farmacias, restaurantes y tiendas— aceptan pagos electrónicos sin restricciones. El problema está del lado boliviano: múltiples usuarios reportan que sus tarjetas no funcionan, pese a estar teóricamente habilitadas. La escena se repite: intentos fallidos, transacciones rechazadas y una sensación de exposición pública.
El fenómeno revela algo más profundo que una falla técnica. El dólar oficial ha dejado de existir como referencia efectiva. No se consigue, no se utiliza y no determina precios reales. En su lugar, emergen dos valores: el paralelo, que comienza a perder centralidad, y el referencial, que ahora define cuánto cuesta realmente acceder a divisas a través del sistema formal.
Que el dólar referencial supere al paralelo tiene una lectura directa. El precio más alto del dólar ya no está en la calle, sino en los canales regulados. Es decir, el propio sistema financiero está reconociendo un valor mayor de la divisa que el mercado informal.
En términos concretos, el boliviano ya vale menos frente al dólar en las operaciones reales. No hay modificación del tipo de cambio oficial, pero sí una corrección efectiva en el costo de acceder a moneda extranjera. Esa diferencia, aplicada en cada consumo internacional, constituye una devaluación en la práctica.