Un emprendimiento familiar transforma un espacio natural cercano a Cobija en una experiencia de interpretación amazónica con cultura, gastronomía, memoria y conservación.


A pocos kilómetros de Cobija existe un lugar donde la Amazonía deja de ser solamente un paisaje verde y empieza a convertirse en una historia narrada por sus propios árboles, sus ríos, sus sabores y la memoria de quienes habitaron este territorio durante generaciones. Ese espacio es Pascana Etsawa Teje, un emprendimiento que nació desde una conexión familiar con la naturaleza y que hoy propone una manera diferente de conocer la riqueza amazónica.
El ingreso a este sitio no conduce únicamente hacia un área de descanso o recreación. Cada sendero tiene un significado, cada especie vegetal representa una parte del ecosistema y cada elemento colocado dentro del recorrido busca explicar cómo se construyó la identidad de una región marcada por la migración, la cultura indígena, la explotación de la goma y la relación permanente con el bosque.
Pascana Etsawa Teje se convirtió en una iniciativa que combina turismo, educación ambiental, historia y conservación. Su creadora, Silvia Oliva Avaroma, junto a su familia, apostó por recuperar un vínculo que muchas veces queda olvidado: la relación entre las personas y el territorio donde viven.
El nombre del emprendimiento refleja esa intención. “Pascana” representa aquellos antiguos lugares de descanso donde los viajeros detenían su recorrido para alimentarse, dormir o recuperar fuerzas antes de continuar el camino. En tiempos donde las rutas eran atravesadas en caballo o en carretón, esos espacios eran fundamentales para quienes se internaban en territorios alejados.
“Etsawa Teje”, una expresión perteneciente a la lengua tacana, significa “hasta la orilla”. La denominación está relacionada con la ubicación del lugar, porque el recorrido atraviesa parte del bosque hasta acercarse al histórico río Acre, uno de los protagonistas de la vida amazónica.
La propuesta busca precisamente eso: llevar al visitante desde el camino hasta la memoria.
Dentro del predio existen árboles de goma y caucho que conservan la huella de una época donde la extracción de la siringa marcó la economía y la vida social amazónica. Esos árboles no son solamente parte de la vegetación, sino testigos naturales de un periodo histórico que transformó completamente esta región.
Los visitantes pueden conocer cómo trabajaban los antiguos siringueros, cuáles eran sus herramientas y cómo se desarrollaba un proceso que durante décadas sostuvo la economía de miles de familias.
La experiencia incluye elementos que ayudan a comprender aquella realidad: utensilios tradicionales, representaciones del trabajo en el bosque y explicaciones sobre la importancia que tuvieron los ríos como vías de transporte, comunicación y alimentación.
“Queremos mostrar que la Amazonía tiene una historia que contar”, explicó Oliva al referirse al propósito del emprendimiento.
La idea surgió después de la pandemia, cuando el espacio fue pensado inicialmente como un refugio familiar. La intención era tener un lugar donde conectarse con la naturaleza, alejarse del ritmo urbano y recuperar una forma de vida más cercana al entorno amazónico.
Sin embargo, con el paso del tiempo comenzaron a llegar amigos, estudiantes y personas interesadas en conocer el lugar. La curiosidad de los visitantes hizo que el proyecto creciera y tomara una nueva dimensión.
Así nació un centro de interpretación amazónica que no se limita a mostrar plantas o paisajes, sino que explica los procesos históricos y culturales relacionados con cada elemento.
Uno de los principales atractivos es el sendero interpretativo. Durante el recorrido, las personas pueden observar distintas especies de flora y fauna identificadas con información sobre sus nombres comunes, nombres científicos y sus usos dentro del ecosistema.
Algunas especies tienen valor medicinal, otras sirven de alimento para animales silvestres y otras representan recursos importantes para las comunidades amazónicas.
El objetivo es que quien llega al lugar pueda comprender que el bosque tiene una función mucho más amplia que la de ofrecer belleza natural.
Pascana Etsawa Teje también desarrolla actividades vinculadas con la educación ambiental. Los visitantes participan en acciones de reforestación y tienen la posibilidad de plantar especies propias de la región, dejando una contribución directa al entorno.
La conservación no se presenta como un discurso aislado, sino como una experiencia práctica.
El espacio fue diseñado para que cada zona tenga una identidad. Existe una maloca, nombre utilizado para las antiguas viviendas colectivas de pueblos indígenas amazónicos, que funciona como área de descanso y encuentro.
También hay espacios destinados a la convivencia, la observación del paisaje y momentos de integración con la naturaleza.
El emprendimiento cuenta con áreas para camping, cabañas y experiencias que permiten permanecer más tiempo dentro del bosque. La intención es que los visitantes no solamente hagan un recorrido rápido, sino que puedan vivir la Amazonía con mayor cercanía.
La construcción de este proyecto también estuvo marcada por dificultades. Trabajar cerca del río Acre significa convivir con la dinámica propia de la naturaleza amazónica.
Las temporadas de lluvia afectaron en varias oportunidades parte de la infraestructura. Algunos puentes y caminos tuvieron que ser reconstruidos después de las crecidas del agua.
Sin embargo, el proyecto continuó porque detrás existe una convicción personal y familiar.
“Si no existe pasión, es difícil sostener un emprendimiento de estas características”, manifestó Oliva al recordar el esfuerzo que significó mantener el lugar activo.
Pascana Etsawa Teje también busca rescatar otro elemento fundamental de la identidad amazónica: la gastronomía.
Para sus impulsores, la comida es una forma de contar la historia de un pueblo. Cada plato refleja migraciones, encuentros culturales y adaptaciones ocurridas durante décadas.
La cocina amazónica tiene influencias indígenas, bolivianas, brasileñas y de comunidades que llegaron durante la época de la goma. Esa mezcla produjo una identidad gastronómica propia.
Preparaciones como el majao, el locro, la feijoada, la farofa, los alimentos elaborados con yuca y plátano forman parte de esa herencia.
El visitante no solamente prueba un alimento, sino que conoce el origen de sus ingredientes y la historia que existe detrás de cada receta.
“Un plato también puede explicar quiénes somos”, sostiene Oliva al hablar sobre el valor cultural de la gastronomía.
Esta mirada permite entender que la identidad amazónica no está formada por una sola influencia. Es el resultado de muchos encuentros ocurridos durante generaciones.
La ubicación geográfica también tuvo un papel importante en esa construcción cultural. El intercambio con territorios vecinos generó una relación constante entre pueblos y costumbres.
Además del turismo natural y gastronómico, el emprendimiento busca llamar la atención sobre el patrimonio histórico y arqueológico de la región.
Existen sitios con vestigios antiguos que muestran que la Amazonía tuvo presencia humana mucho antes de los procesos conocidos por la historia reciente.
Investigaciones arqueológicas han encontrado estructuras y geoglifos que revelan una ocupación antigua del territorio amazónico.
Para Oliva, esos elementos representan una oportunidad enorme para fortalecer la identidad y abrir nuevas rutas de conocimiento.
Durante su experiencia vinculada al turismo, observó que muchos lugares importantes carecen de infraestructura básica para recibir visitantes. Algunos sitios reconocidos por su valor histórico no cuentan con señalización adecuada ni espacios de información.
Considera que mejorar los accesos y los servicios permitiría que más personas descubran una región que todavía permanece poco conocida.
El crecimiento del turismo no depende únicamente de crear destinos, sino también de garantizar caminos, conectividad y condiciones que permitan llegar a ellos.
Pascana Etsawa Teje representa una iniciativa privada que intenta avanzar desde lo local, demostrando que pequeños proyectos pueden convertirse en espacios capaces de preservar memoria y generar nuevas oportunidades.
Desde este rincón amazónico cercano a Cobija, la propuesta es sencilla pero profunda: mirar la naturaleza con respeto, conocer la historia que existe detrás de ella y entender que cada territorio tiene una voz propia.
La Amazonía deja de ser una imagen distante y se convierte en una experiencia donde el visitante camina entre árboles antiguos, escucha relatos del pasado, conoce sabores heredados y descubre una cultura que sigue viva.
Pascana Etsawa Teje no solamente abre sus puertas al turismo; abre una puerta hacia una región que busca ser reconocida por lo que realmente es: un territorio de historias, raíces y enorme riqueza natural.