Entre recuerdos familiares, pasión por la historia y una mirada crítica sobre el presente, Guillermo Nogales sostiene que el mayor desafío del Beni no es solamente crecer, sino conocerse mejor para valorar todo lo que ya posee.
La conversación comienza hablando de familia, pero rápidamente termina recorriendo ríos, pueblos, misiones, culturas indígenas, carreteras pendientes y paisajes que todavía esperan ser descubiertos por gran parte del país. Guillermo Nogales Carvalho, historiador y escritor beniano, no habla del Beni como si fuera un territorio acabado. Lo describe como una región que todavía está construyendo su propio camino.
Hijo de una mezcla de raíces que unen Exaltación, Trinidad, Portachuelo y la herencia indígena de la Amazonía, Nogales se reconoce como resultado de ese mestizaje que definió gran parte de la historia beniana. Para él, esa diversidad no es una excepción. Es precisamente una de las características que mejor explican al departamento.
UN BENI QUE TODAVÍA BUSCA SU LUGAR
Cuando se le pregunta qué representa el Beni, su respuesta se aleja de las frases habituales.
“No es un producto terminado”, dice.
Mientras otras regiones suelen presentarse a partir de logros consolidados, Nogales prefiere hablar de un territorio que continúa enfrentando desafíos históricos. Considera que existen avances, pero señala que muchos problemas que observaban los abuelos siguen presentes en la actualidad.
Las conexiones terrestres insuficientes, las limitaciones en salud y educación y la lentitud con la que llegan algunas obras son parte de una realidad que, según explica, ha acompañado a varias generaciones.
Sin embargo, lejos de instalarse en el pesimismo, sostiene que buena parte del desarrollo alcanzado ha sido impulsado por los propios habitantes.
“No necesariamente las instituciones, sino las personas”, recalca.
LO QUE EL BENI TIENE Y MUCHAS VECES NO MIRA
Si tuviera que resumir la esencia del departamento, Nogales la divide en tres grandes pilares.
El primero es la naturaleza.
Habla de ríos, biodiversidad, fauna, arqueología y paisajes que despiertan interés incluso fuera de Bolivia. Cree que los propios benianos, acostumbrados a convivir con esos escenarios, no siempre son conscientes de la magnitud de lo que poseen.
El segundo es el patrimonio histórico y cultural.
Recuerda que dentro del mismo departamento conviven identidades distintas. Los pueblos indígenas, las comunidades amazónicas, la tradición mojeña y las diversas expresiones culturales hacen que cada zona tenga características propias.
“No todos los benianos son iguales”, parece transmitir a lo largo de la conversación.
La tercera riqueza es la gastronomía.
Más allá de los productos más conocidos, destaca la enorme variedad de especies, aceites naturales y alimentos que forman parte de la vida cotidiana de la región. Observa con satisfacción que la cocina beniana comienza a ganar espacio en otras ciudades del país, donde cada vez aparecen más propuestas basadas en pescado, carne y productos amazónicos.
LA TENTACIÓN DE COPIAR MODELOS AJENOS
Uno de los momentos más interesantes de la entrevista aparece cuando se aborda la relación histórica entre Beni y Santa Cruz.
Nogales admite que existe una influencia evidente. La cercanía geográfica, las migraciones y los vínculos económicos han marcado durante décadas la visión de desarrollo de muchos benianos.
Pero advierte que copiar fórmulas puede convertirse en un error.
Para explicar su posición recurre a una característica fundamental del territorio: los humedales.
Recuerda que gran parte del departamento es inundable y que las antiguas culturas aprendieron a convivir con esas condiciones. Por eso considera que cualquier estrategia de crecimiento debe partir del conocimiento del entorno natural y no de la simple reproducción de experiencias exitosas en otras regiones.
“No hemos tomado en cuenta que nuestro departamento tiene características propias”, plantea.
UNA DEUDA QUE VIENE DESDE HACE DÉCADAS
Para el historiador existe una deuda histórica con el Beni.
Su argumento se remonta al auge de la goma, una etapa que permitió consolidar la presencia boliviana en extensas zonas amazónicas. Según explica, aquel proceso no solo generó recursos económicos, sino que ayudó a fortalecer la soberanía nacional en regiones que hasta entonces permanecían alejadas de los centros de decisión política.
Por eso considera que el aporte beniano a la construcción del país suele ser menos reconocido de lo que merece.
CONOCER EL TERRITORIO PARA DEFENDERLO
A pesar de dedicarse a estudiar la historia regional, Nogales reconoce algo que podría sorprender.
“No conozco Baures”, admite.
La frase no pretende ser una confesión incómoda. Más bien sirve para ejemplificar una idea mayor: incluso quienes aman el Beni todavía tienen mucho por descubrir dentro del propio departamento.
A su juicio, resulta difícil planificar el futuro de una región cuando gran parte de sus habitantes desconoce buena parte de su territorio.
Esa reflexión también alcanza al turismo.
EL POTENCIAL QUE ESPERA SU MOMENTO
Cuando imagina el futuro turístico del Beni, Nogales no duda en señalar que la principal fortaleza sigue siendo la naturaleza.
Menciona paisajes como los lagos tectónicos de Exaltación, las Pampas del Yacuma y las puertas de ingreso al Madidi. Lugares que, en su criterio, responden exactamente a lo que hoy buscan muchos viajeros: tranquilidad, contacto con la naturaleza y experiencias auténticas.
Pero insiste en que ninguna actividad turística puede sostenerse solamente con paisajes.
Se necesitan caminos, hospitales, restaurantes, servicios básicos e inversiones que acompañen el crecimiento.
Por eso vuelve a una frase que atraviesa toda la entrevista.
“El Beni está en desarrollo”.
No lo dice como una excusa ni como una resignación. Lo plantea como una tarea pendiente. Una invitación a mirar la región con más atención, a entender su historia y a reconocer aquello que durante años ha estado allí, esperando ser valorado por los propios benianos.
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