La depreciación del boliviano de 63,13% en menos de un mes no solo cambió el valor de la moneda. También elevó la presión sobre los productos que forman parte del consumo diario.
El aumento del dólar comenzó a sentirse mucho antes de reflejarse en las estadísticas. Para miles de familias, el cambio más evidente aparece cada vez que acuden al mercado, a una farmacia, una ferretería o un comercio donde los precios ya no son los mismos que hace pocas semanas. Entre el 29 de junio y el 27 de julio, el tipo de cambio pasó de Bs 6,97 a Bs 11,37 por dólar, una depreciación del 63,13% del boliviano frente a la moneda estadounidense que modifica el costo de numerosos bienes de consumo.
Aunque no todos los productos de la canasta familiar son importados, una parte importante de ellos depende de materias primas, insumos, envases, fertilizantes, maquinaria, transporte, combustibles o repuestos cuyo precio está relacionado con el dólar. Cuando la divisa aumenta con rapidez, toda esa cadena de costos comienza a trasladarse al consumidor.
La presión llega al mercado
El efecto no siempre aparece de inmediato ni en la misma proporción para todos los productos, pero la tendencia suele repetirse. Alimentos industrializados, aceite, harina, fideos, leche en polvo, medicamentos, artículos de limpieza, productos de higiene personal, electrodomésticos y útiles escolares pueden registrar incrementos porque alguno de sus componentes depende del mercado internacional.
Lo mismo ocurre con frutas, verduras, carnes y otros alimentos producidos en el país cuando aumentan los costos de transporte, lubricantes, neumáticos, envases o alimentos balanceados utilizados durante la producción.
En consecuencia, el presupuesto familiar comienza a rendir menos, aun cuando el ingreso mensual no haya cambiado.
El salario compra menos alimentos
El salario mínimo nacional continúa siendo de Bs 3.300. Sin embargo, el valor de ese ingreso frente al dólar cambió de forma significativa.
Con un tipo de cambio de Bs 6,97, el salario equivalía a 473,46 dólares. Al subir la cotización a Bs 11,37, el mismo ingreso representa apenas 290,24 dólares.
La pérdida alcanza el 38,7% cuando el salario se expresa en dólares. Ese porcentaje no significa que el trabajador haya dejado de recibir bolivianos, sino que esos Bs 3.300 tienen una menor capacidad para adquirir bienes cuyo precio está influido por la divisa estadounidense.
Cuando el costo de la canasta familiar aumenta y el ingreso permanece igual, las familias suelen verse obligadas a modificar sus hábitos de consumo. Algunas reducen cantidades, otras sustituyen productos por alternativas más económicas y muchas priorizan únicamente los gastos considerados indispensables.
Una depreciación que va más allá del dólar
La depreciación del 63,13% corresponde al comportamiento del tipo de cambio. Es el indicador que muestra cuánto aumentó el precio del dólar en bolivianos durante 28 días.
Ese movimiento termina teniendo un efecto práctico sobre la economía doméstica porque numerosos precios toman como referencia el costo de reposición de mercancías e insumos. A medida que el dólar sube, el valor de muchos productos también comienza a ajustarse.
Por esa razón, el impacto deja de ser un dato exclusivo del mercado cambiario y pasa a sentirse en la compra diaria de alimentos, medicamentos, artículos de primera necesidad y servicios vinculados a la actividad económica.
Cada incremento reduce la cantidad de productos que una familia puede adquirir con el mismo ingreso. La depreciación de la moneda se refleja entonces en un hecho cotidiano: el dinero alcanza para menos compras que hace apenas un mes, aun cuando el salario continúe siendo exactamente el mismo.
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