Ocho candidatos protagonizaron un cruce de acusaciones, promesas inconclusas y una peligrosa banalización de la política nacional.
No hubo ideas estructuradas, ni visión de Estado. El primer debate presidencial rumbo a las elecciones de 2025, transmitido por redes y televisión nacional, se transformó en un escenario de pugna verbal entre aspirantes que priorizaron las ofensas por encima de las propuestas. A pesar del esfuerzo organizativo del Tribunal Supremo Electoral (TSE), el evento quedó marcado por los ataques personales, las recriminaciones del pasado y una clara ausencia de planificaciones concretas para los problemas del país.
La iniciativa del TSE buscaba generar un espacio de deliberación democrática y proyectar una cultura de contraste programático, pero terminó siendo un espejo de la crisis de liderazgo que atraviesa Bolivia. Ni el litio, ni la justicia, ni la salud o la educación encontraron eco real en los discursos. Lo que primó fue la tensión, la revancha y el posicionamiento mediático.
EL ESCENARIO DEL DESENCUENTRO
Los ocho candidatos que asistieron al evento —Andrónico Rodríguez (Alianza Popular), Eduardo Del Castillo (MAS), Jorge “Tuto” Quiroga, Manfred Reyes Villa, Samuel Doria Medina, Rodrigo Paz, Jhonny Fernández y Pavel Aracena— protagonizaron un encuentro lleno de descalificaciones mutuas. La dinámica de tres preguntas por candidato, moderadas por periodistas previamente seleccionados, no ayudó a profundizar los temas. El tiempo fue reducido y las respuestas, por lo general, se desviaron hacia ataques personales.
Desde su primera intervención, Del Castillo disparó contra el pasado. Se refirió a los gobiernos de transición, la represión a sectores sociales y la “historia de traiciones” que, según él, encarnan Tuto Quiroga y Doria Medina. “Quieren hablar de democracia los que se arrodillaban ante embajadores extranjeros y empresarios del litio”, dijo con tono desafiante.
Quiroga no tardó en responder: “El MAS se aferra al poder como una secta. No están aquí para construir país, sino para perpetuarse”. Su retórica se basó en advertir sobre el riesgo autoritario, pero sin detallar su propuesta de reforma institucional.
REPROCHES SIN DESTINO
Uno de los momentos más incómodos fue protagonizado por Manfred Reyes Villa, quien arremetió contra Evo Morales —sin que este esté presente— insinuando que “proteger a violadores desde el poder es tan criminal como el acto mismo”. Su propuesta de castración química a agresores sexuales fue criticada por organismos de derechos humanos, pero en el escenario sirvió como gancho mediático.
Del otro lado, Samuel Doria Medina adoptó una postura de confrontación moderada. Sin embargo, cuando se sintió aludido por Del Castillo, respondió con ironía: “Yo por lo menos pagué impuestos, no me los robé. No tengo contratos con sobreprecios ni ministros presos”.
Andrónico Rodríguez, por su parte, intentó perfilar una imagen de renovación, pero terminó reiterando líneas duras del MAS. Reivindicó el control social, defendió la justicia comunitaria y acusó a sus contrincantes de “buscar el poder solo para beneficiar a sus élites empresariales”. Su frase más comentada fue: “No volverán los que vendieron el país por un crédito del BID”.
LAS FRASES QUE OPACARON LAS IDEAS
A lo largo de las dos horas de transmisión, se acumularon frases altisonantes pero poco contenido técnico. Rodrigo Paz habló de “un país atrapado entre dos nostalgias: el neoliberalismo y el caudillismo”, pero no logró articular un programa de reforma clara. Jhonny Fernández, por su lado, tuvo una presencia irrelevante: ni fue atacado ni propuso con contundencia. Su discurso giró en torno a “la unión regional” y la “descentralización productiva”, pero no supo conectarlo con la agenda nacional.
Pavel Aracena intentó posicionarse como la voz joven, pero cayó en la provocación. En lugar de plantear una narrativa fresca, se enfrascó en preguntarle a Reyes Villa cómo enfrentaría a Evo Morales. “Eso no se pregunta, eso se hace”, fue la respuesta tajante de Manfred, que despertó aplausos y burlas en redes sociales.
JUSTICIA, ECONOMÍA Y LITIO: PROMESAS SIN SUSTENTO
Aunque todos los candidatos mencionaron la justicia, ninguno presentó un plan claro para reformarla. La mayoría habló de independencia judicial, pero sin señalar mecanismos concretos. Del Castillo defendió el “control popular” sobre jueces y fiscales; Doria Medina apostó por una comisión de notables; y Tuto Quiroga se limitó a exigir “el fin de los jueces serviles”.
En materia económica, las propuestas fueron dispersas. Solo Paz mencionó el empleo como eje estructural. Habló de un “plan de dinamización productiva con base tecnológica”, pero no ofreció cifras ni cronograma. Doria Medina, como empresario, apeló al discurso clásico de atracción de inversión privada, aunque esquivó temas como la evasión fiscal y la redistribución de riqueza.
El litio fue mencionado por Del Castillo y Andrónico como “recurso estratégico para la soberanía energética”. Sin embargo, ambos fueron imprecisos al explicar cómo se industrializaría ni con qué socios estratégicos. Tuto Quiroga cuestionó los contratos firmados con empresas chinas, pero tampoco aclaró qué modelo alternativo propone.
EL ROL DEL TSE Y LA INSTITUCIONALIDAD ELECTORAL
Óscar Hassenteufel, presidente del TSE, inició el evento con un mensaje sobre el voto informado y la transparencia. También adelantó que el órgano electoral prepara una ley para institucionalizar los debates presidenciales como parte del calendario obligatorio. Si bien fue aplaudido por sectores académicos, la reacción ciudadana no fue tan favorable.
En redes sociales, miles de usuarios expresaron frustración. Algunos compararon el debate con un programa de entretenimiento, otros ironizaron sobre la falta de preparación. “Mucho grito y poca idea”, escribió un usuario. “Pelean por el hueso, no por el país”, dijo otro.
