Bolivia enfrenta a Surinam en un duelo cargado de historia reciente, con un plantel renovado y miles de hinchas que transformaron la previa en un acto de identidad nacional.
El aire de Monterrey se cargó de acentos bolivianos. La selección de Bolivia no camina sola hacia el repechaje: la acompaña una multitud que convirtió la previa en una celebración anticipada y en una exigencia silenciosa.
El equipo llega después de una reconstrucción que tuvo momentos críticos. El arranque de eliminatorias dejó al plantel al borde del colapso competitivo. Tres puntos en seis fechas fueron un golpe duro. Sin embargo, el cambio de conducción abrió un nuevo ciclo.
Óscar Villegas asumió con una idea clara: ordenar, competir y sostener resultados. La reacción fue progresiva, pero firme. La suma de puntos permitió escalar posiciones hasta alcanzar el séptimo lugar, asegurando el repechaje.
El proceso incluyó partidos de alta exigencia. Rusia, Japón y Corea marcaron diferencias en el marcador, pero también elevaron el nivel de exigencia interna. Bolivia entendió que el camino al Mundial no admite zonas de confort.
El déficit ofensivo sigue siendo el principal desafío. Cinco goles en ocho encuentros reflejan una producción limitada. Aun así, el entrenador mantiene la confianza en el sistema: “El gol va a llegar”, insistió.
La base del equipo se mantiene, con ajustes puntuales. Nava se consolidó como alternativa, mientras Godoy y Terceros ofrecen variantes en ataque. La estructura no se negocia.
El rival, Surinam, representa una incógnita relativa, pero con fundamentos claros en disciplina táctica. Bolivia deberá imponer ritmo y aprovechar cada oportunidad.
La previa fue una demostración de pertenencia. Cientos de hinchas rodearon el hotel de concentración. El bus avanzó entre cánticos y banderas, en un recorrido que pareció más un desfile que una llegada protocolar.
Los jugadores respondieron con gestos concretos. Firmaron autógrafos, se tomaron fotografías y agradecieron el esfuerzo de quienes viajaron miles de kilómetros.
“Gracias a todos por venir”, dijo Villegas, en una frase que condensó el vínculo emocional entre equipo y afición.
La noche cerró con el plantel regresando al hotel, consciente de lo que está en juego. El descanso fue breve, la tensión inevitable.
El partido ya empezó a jugarse en la mente y en la piel. La cancha será el escenario final de una historia que Bolivia intenta reescribir con carácter.
