Tres mujeres dejan cargos estratégicos en medio de conflictos, presión política y errores institucionales, configurando un inicio de gestión marcado por tensiones internas y decisiones forzadas en distintos niveles del Ejecutivo.


El arranque del gobierno de Rodrigo Paz muestra señales de desgaste temprano tras la salida consecutiva de tres mujeres que ocupaban funciones clave. Las dimisiones se produjeron en áreas sensibles y bajo circunstancias que reflejan fricciones acumuladas dentro de la estructura estatal, con impactos directos en la gestión y en la credibilidad institucional.
La primera salida se originó en el sector hidrocarburífero. Margot Ayala dejó la dirección de la Agencia Nacional de Hidrocarburos luego de un conflicto que comenzó con denuncias por combustible defectuoso. Transportistas reportaron fallas en sus vehículos y llevaron sus reclamos a las calles, elevando la presión sobre la autoridad. La crisis se amplificó con cuestionamientos políticos y antecedentes laborales que fueron puestos en discusión. En su despedida, Ayala afirmó: “He decidido dar un paso al costado para preservar mi integridad y cerrar este ciclo con la tranquilidad de haber trabajado con responsabilidad”. También sostuvo que durante su gestión identificó prácticas irregulares que intentó corregir, lo que, según sus palabras, generó resistencias internas.
El segundo caso se registró en el Viceministerio de Autonomías. Andrea Barrientos enfrentó una reacción inmediata tras emitir criterios sobre la distribución de recursos y los tiempos del proceso autonómico. Sus declaraciones fueron interpretadas como contrarias a demandas regionales, lo que activó pronunciamientos de líderes políticos y cívicos, especialmente desde Santa Cruz y Beni. La presión se tradujo en pedidos públicos de renuncia. Barrientos optó por dejar el cargo y señaló en su carta que su decisión buscaba no interferir en la gestión gubernamental. Posteriormente, expresó en redes: “Quienes no toleran una voz distinta intentan descalificar, pero eso no detiene las ideas”.
La tercera renuncia se produjo en el área de comunicación del Ejecutivo. Carla Faval dejó la vocería presidencial después de un episodio que generó confusión institucional. El anuncio de una supuesta restitución de relaciones diplomáticas con Chile fue posteriormente corregido, lo que expuso fallas en la verificación de la información antes de su difusión. En su mensaje de salida, Faval indicó: “Ha sido un honor servir a la patria y formar parte de este equipo”, subrayando su decisión de continuar su trabajo desde otros espacios.
Las reacciones a estas dimisiones evidenciaron posturas diversas. El exviceministro Carlos Hugo Molina cuestionó el tratamiento que recibieron las diferencias dentro del aparato estatal y afirmó: “No se escucharon argumentos, se optó por descalificar”. Desde el ámbito académico, el economista Gonzalo Chávez remarcó la importancia de sostener espacios donde las ideas puedan confrontarse sin exclusiones, señalando que la diversidad de criterios fortalece la institucionalidad.
En el plano cívico, también surgieron exigencias de aclaración, particularmente sobre la salida de la vocera presidencial. Se planteó la necesidad de precisar responsabilidades y establecer si existieron fallas individuales o problemas en los mecanismos internos de comunicación.
Las tres salidas se produjeron en un periodo breve, en escenarios de alta exposición pública y con presión sostenida desde distintos frentes. Cada una de las exautoridades remarcó su compromiso con el país al momento de dejar sus funciones, mientras sus renuncias siguen marcando el pulso de una gestión que atraviesa ajustes en su estructura interna.